Natalia y Rodrígo

Carta a Rodrigo Monsalve y a Nathalia de sus compañ[email protected] de Antropología de la Universidad Nacional.

¿No sabemos cómo se le llama a esta ignominia?

Repudiamos el asesinato de Rodrigo Monsalve y Nathalia Jiménez, dos corazones que vibraron intensamente por la música, la naturaleza y la vida, recién casados en Santa Marta y asesinados cruelmente en su luna de miel en Palomino.

24 de diciembre de 2019.

Ayer recibimos la fatal noticia en medio del dolor y el profundo luto que entristece esta festividad en familia y nos hiela el corazón hemos querido recordar a nuestro querido amigo Rodrigo y homenajear así su memoria y la de su compañera Nathalia. Distantes como estamos, nos hemos dado a la tarea de escribir una serie de fragmentos a varias manos. Con Rodrigo compartimos la alegría de ser compañeros y amigos de carrera en la Universidad Nacional. La antropología nos unió, tal vez no como destino, pero sí como el cimiento de auténticas relaciones de amor, amistad y camaradería que son las que más importan y las que llevamos para siempre en el bolsillo del alma. Es significativo que nuestra memoria nos remita a ese início de carrera, cuando primiparos e inocentes soñábamos sin mezquindad en conocer, aprender y entender este país y un día quizás cambiarlo. Hoy sabemos cuán lejos estábamos.

Una primera memoria dice: Rodri, recuerdo que llegando de alguna salida de campo, me late que regresábamos del páramo de Sumapaz, tal vez en 1995, al llegar de nuevo a la Universidad nos enteramos que había caído un rayo en el campus, cerca del edificio de Sociología, que una persona había quedado herida y otra muerta. Puede que no hayan sido dos personas, o que ni haya habido muerto, la memoria es así, pero seguro había caído un rayo en la U y le había dado a alguien. Qué le cayera un rayo a alguien y que lo matara era una posibilidad parecida a la de ganarse el baloto. Una vez Camilo dijo que deberíamos escribir un libro que se llamara “Mil formas de evitar la muerte repentina”. Nos fuimos en combo

¿lo recuerdas? a celebrar una vez más la vida al lugar llamado El Caney del Tamarindo, donde vendían ensaladas de frutas, cerveza y el famoso brandy Cható Velaré que tanto le gustaba a Gabriel.

Si, ya lo sé Rodrigo, no puedes evitar la muerte repentina, no puedes evitar la muerte. ¿Pero así, parce? ¿Así? Nathalia y vos (qué manera más dura para conocer a tu esposa) juntos hasta el final. Buen viaje compañeros a donde quiera que sea. Juntos hasta el final.

Una y otra voz réplica: De Rodrigo, recuerdo muchos momentos, pero no podré jamás olvidar la conversación más larga que haya tenido sobre vida extraterrestre, fue al lado de él, sentados en la tierra amarilla huilense, en una hermosa noche bañada con millones de estrellas, habíamos acampado en el Desierto de la Tatacoa,

y nos sentamos allí con la certeza que tendríamos un avistamiento, nos dio la luz de la mañana, hablando y esperando esa visita, que quizás llegó pero no la percibimos ante tanta alucinación junta, en ese lugar tan bello, con un ser cósmico, generoso, amable, risueño, quien con su don de DJ logró trasladar esa alegría a miles de cuerpos danzantes en noches de neblina, risas, alicoramiento y sueños perdidos en rumbas infinitas. Buen viaje mi hermano, no merecías esa muerte, ni ninguna muerte, menos aún morir de manera tan cruel al lado de tu amada Nathalia. Hoy en tu memoria estas letras al viento, para que acompañen tu viaje, guerrero cósmico, ser de luz. Te amaremos hasta siempre, mi hermano.

Y no paramos de lamentarnos: ¡Ayyy Nathalia y Rodrigo! ¡Qué triste! Triste y doloroso para las familias, los amigos cercanos. Todos los que estamos tristes con la noticia somos sobrevivientes.

Aquí resulta una proeza seguir vivo. Aquí se sobrevive a la carretera, a la marcha, a la denuncia, a la requisa, al atraco. Se sobrevive a los armados (legales e ilegales), a tener un teléfono en la mano, a andar en carro, a casarse en diciembre, a trabajar con comunidades. Se sobrevive al mal gobierno, a hacer música, a estudiar antropología, a hacer arte, a querer la paz, a irse de luna de miel, a proteger el medioambiente, al trabajo en derechos humanos. Se sobrevive a amar.

En este 24 de diciembre, mientras leo los reportes sobre Nathalia y Rodrigo, pienso que soy una sobreviviente acompañando desde lejos el dolor de otros. Todo o casi todo lo que ellos hicieron, también lo he hecho yo. Por eso alguna vez me topé con Rodrigo. Nathalia y Rodrigo, que sus almas descansen en paz.

Y de repente se acumulan y no paran de llegar: El recuerdo de Rodrigo siempre será su enorme, enorme sonrisa; esa que siempre conservó. Vernos en retrospectiva me hace decir con orgullo que hace 24 años cuando la vida me juntó con Rodrigo y los otros, éramos un combo de buenas personas y que hoy seguimos siéndolo, con un poco menos de inocencia y muchos más años, deja adolorida el alma saber que ser buena persona puede ser una sentencia de muerte.

Ver las fotos de Rodrigo junto a su esposa reconforta porque sabemos que su sonrisa permanecía intacta, lo que les hicieron da una certeza, a Rodrigo y su esposa los mataron por brillar y quién lo hizo sabe que basta la luz más pequeña para derrotar la oscuridad, quien los mató debía sentir miedo de su luz. Siga brillando con mucha más fuerza Roro, buen viaje parce y que su sonrisa siendo luz.

Y hay quien dice que no se puede recordar a Rodrigo sin su música: Al escuchar Dreamcast 006/Kuantiin pienso en Roro, como le decíamos en la universidad, cuando también nos formábamos espiritualmente y cuando nunca se nos pasó por la cabeza tantas atrocidades; como antropó[email protected], como seres humanos, como hermanos y hermanas colombianas; es inconcebible que exista gente capaz de cercenar la vida, sin más ni más, y con razones hasta hoy desconocidas.

Hace dos años, por esta época de fin de año y vacaciones, encontré Rodrigo y Nathalia, en el Café donde Manuelito, en el barrio Pescaito en Santa Marta, y fue maravilloso verlos vitales con sus procesos profesionales y proyectos de vida, radiantes de amor y viviendo en Pozos Colorados disfrutando del calor y la playa de la Samaria. Compartimos pista de baile, compartimos unas cervezas, y nos despedimos, con la idea de volvernos a encontrar en la playa, en la Sierra, o en algún trabajo conjunto de soberanía alimentaria, de arte o de música. Después no lo volví a ver.

Otra persona menciona: La noticia de su asesinato me trajo a la memoria que Roro era sonriente, demasiado sonriente. Cantaba, amaba la música. Podía hablar con todos los que tuviera al frente, sabía cada canción, cada género. Lo suyo era el tarareo. Tenía una banda de rock cuando le conocí, ayer era DJ. Shakti. Dos hijitos dejó y una tristeza profunda en el corazón de quienes lo conocimos. La Musicalidad de su eterna transparencia nos acompañará por siempre, Guerrero Galáctico.

Y como olvidar todas las maravillosas salidas de campo, en las que nos conocíamos mientras conocíamos la geografía bella y dramática de este ancho país: Cuando iniciamos los estudios de antropología, por allá en 1995, nunca imagine que la vida me pusiera en el mismo camino de una serie de personajes locos, divertidos, llenos de ganas de cambiar el mundo, de salvar yo no se qué? únicos. Rodrigo era uno de ellos, quizá fue el más rebelde de todo ese combo. Si! Un rebelde rockero, mechudo, criticón pero muy sensible y con una sonrisa que desbordaba compinchería, la cual se fue consolidando con el paso del tiempo y de las salidas de campo. Juntos anduvimos por Guatavita, la Macarena, El Sumapaz, La Tatacoa, Villa de Leyva, el Lago Calima y no me acuerdo que tantos lugares más. Recuerdo que en aquellas salidas de campo Rodrigo siempre andaba con un Walkman y una Grabadora registrando sonidos del arroyo, de los pájaros, de otros animales y de cuanta cosa produjera ruido; El decía, algún día voy a hacer música con estos sonidos a lo Pink Floyd, en aquel entonces era un Rockero y cuando Por fin (como se llamaba su productora Musical “El Porfin”) hizo música a lo Pink Floyd, los señores de la guerra y de la muerte no lo arrebataron junto a Nathalia, Su linda esposa, con la que compartía su vida desde hace 15 años. Nathalia al igual que Rodrigo era una antropóloga de la Nacho, hacía parte de esa fauna de “únicos” que lo único que querían era cambiar el mundo para hacer de este un lugar mejor. Juntos eran una pareja maravillosa, llena de amor, paz, amistad, sonrisas y un corazón capaz de brindar lo que no tenían.

Eran tantas sus ganas de dar amor que no sólo recogían perros y gatos de la calle para llevarse a su casa y adoptarlos como hijos, también recibían todo el tiempo a esa innumerable cachaquería que llegaba a Santa Marta a pasar vacaciones sin pedir nada, tan sólo ofrecían su hospitalidad, su corazón y sus sonrisas. Tal vez por eso los mataron, porque en este país basta ser bueno para que les estorbes a los mercaderes de la muerte. Hoy en día hay muchas hipótesis sin sentido del motivo que los arrastró a tan infame final. Lo que bien es cierto es que en Colombia sólo basta estar en el lugar y el momento equivocado para ser víctimas del terror, del

oscurantismo y el odio en el que vive una sociedad, que como ya se mencionó, existen personas maravillosas que sobreviven día a día por sólo pensar diferente. Lastima que Rodrigo y Nathalia no sobrevivieron a la insensatez de aquellos enemigos de la vida.

Hace unos meses creamos un grupo de WhatsApp, no sabemos exactamente cuál fue el motivo, pero a alguien se le ocurrió que teníamos que juntarnos nuevamente, el grupo tuvo varios nombres, cada uno más raro que el otro, pero nada que nos dejara satisfechos a todos. Una noticia cualquiera sobre el Paro del 21 de noviembre llevó a que el grupo fuera rebautizado como Cuchos Capuchos y ahí vino una comprobación, en 2019 cumplimos 24 años de habernos conocido, cuando iniciamos la carrera de antropología en la Nacho, tal vez una de las mejores cosas de nuestras vidas. Y que un grupo que se denomine a sí mismo de esa forma constata el paso del tiempo. La conciencia de nuestro encuchecimiento fue tomando forma en medio de las noticias de política, y a los pocos nos fuimos poniendo al día, pasándonos las novedades transcurridas, los hijos, los casorios, los trabajos, los estudios, en medio de fotos viejas, los recuerdos de apodos y de chistes pendejos. Encuchecer, como se sabe, no es fácil, pero hoy comprendimos de la manera más cruda y descarnada que lo que en fondo esperábamos es poder encuchecer en paz, morir de cucho y no de bala. Al enterarnos del violento asesinato de Rodrigo y su esposa nos queda la amarga verificación que morir de cucho será privilegio y que enterrar al amigo en la flor de la vida con el cuerpo agujereado, encapuchado y de la mano de su amor será el más duro momento por el que jamás pensamos que iríamos a pasar.

Rodrigo y Nathalia, de ustedes nos queda su legado. Esperemos que su muerte no sea en vano y que sirva para despertar esta sociedad adormecida por la ignorancia y el temor a cambiar, a pensar y a vivir en un mundo cada vez más incomprensible, dónde lo más elemental que es el respeto por la vida misma la recuperemos como especie.

En Blade Runner, una película de los ochenta, el protagonista se despide diciendo, “Todo esto se perderá, como lágrimas en la lluvia”. Comparto tres imágenes que regresan a la memoria. Rodrigo, un jovencito dulce y silencioso, de cabello largo, me saluda con los ojos llenos de luz, mientras corro apresurada hacia ninguna parte.

Segunda imagen. Rodrigo rapado, con un cigarrillo sin filtro entre los dedos fuma sentado bajo un árbol en la mitad de la tarde. Interrumpe una canción que suena en su cabeza y me saluda con una sonrisa rota. Después un amigo común, me comentó que estuvo muy triste por las cosas que le dolían de la vida y que jamás compartimos.

Tercera imagen. En las redes sociales rueda la noticia sobre la desaparición, tortura y asesinato de una pareja de recién casados y en mi móvil una foto borrosa, recupera a Rodrigo, con una sonrisa que no envejece. Intento sin éxito recobrar

otras imágenes de la universidad, con el afán de quien busca capturar un pez luminoso en el mar oscuro.

Sólo puedo pedirte perdón por mi indiferencia con las cosas que te fueron preciadas, y que solo hasta ahora compartimos; por tener tan poco para decir de ti y por estas imágenes que también se perderán como lágrimas en la lluvia.

Gracias por sus hermosas miradas y sus sonrisas perfectas, y honramos con el corazón dolorido, espichado, arrugado y las ideas nubladas, esa cálida energía vital de ella y la Musicalidad de su eterna transparencia en nuestras pupilas.

Todo nuestro amor por siempre con ustedes dos, y el ser uno que sellaron para siempre.

imixrojo / Alaín / el clint. Vladimir Montaña/Dodo William Salazar Valencia/ Willi

Leonardo Bejarano Rodríguez/Leo Abejarano Yolanda Riveros/ Yoli

Juan Felipe Hoyos

Angélica Vivas/Angélica la Viva

Gabriel Bernardo Daza /Baltazar Van Claes/ La Gárgola Ariel Bonilla

Libia Tattay Ari Mendoza

Sayury Matsuyama

Camilo Esteban Martínez/Estebanano Edgar Benítez/El Ejitsio

Reylbeck Mercado La tropa Rex:

Luz Stella Rodríguez Cáceres/ Stellita Cecilia Almanza/ La Flaca

Catalina Medina/Cata Cláudia Gazón/Clau

NADA DOS VECES

de Wistawa Szymborska

Nada sucede dos veces ni va a suceder, por eso sin experiencia nacemos, sin rutina moriremos.

En esta escuela del mundo ni siendo malos alumnos repetiremos un año, un invierno, un verano.

No es el mismo ningún día, no hay dos noches parecidas, igual mirada en los ojos, dos besos que se repitan.

Ayer, mientras que tu nombre en voz alta pronunciaban, sentí como si una rosa cayera por la ventana.

Ahoraqueestamosjuntos,vuelvolacarahaciaelmuro.¿Rosa?¿Cómoeslarosa?¿Como una flor o unapiedra?

Dime por qué, mala hora, con miedo inútil te mezclas. Eres y por eso pasas. Pasas, por eso eres bella.

Medio abrazados, sonrientes, buscaremos la cordura, aun siendo tan diferentes cual dos gotas de agua pura.

(De Llamando al Yeti, 1957) Tomado del libro de Saltaré sobre Fuego de la Poeta Polaca Wistawa Szymborska

Carta Natalia y Rodrigo

Imagen: Pulzo