curba.jpg

Palabras impecables: dignidad y justicia.

Reenviamos el artículo de Iván Cepeda, Resistencia Digna publicado en el diario El Espectador y Palabras impecables: Dignidad y Justicia redactado por nuestra Comisión de Justicia y Paz, respecto al regreso al Curvaradó.


curba.jpg

Resistencia digna
Iván Cepeda Castro

18 de Marzo de 2006. 27 familias desplazadas de la región del Alto Ariari, Meta, acompañadas por la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz y por organizaciones internacionales, fundan una zona humanitaria como parte del proceso de resistencia no violenta para la recuperación de sus tierras. El terreno donde crean la zona es una finca de cinco hectáreas, comprada con la solidaridad de asociaciones españolas.

Como primer acto de esta nueva etapa de su larga resistencia, dan testimonio bajo el que bautizan como árbol de la vida. Entre enero y agosto de 2002, 700 familias fueron expulsadas violentamente de sus hogares. Como parte de los operativos para retomar la zona de distensión decretada durante los diálogos con las Farc, las fuerzas militares no vacilaron en realizar bombardeos y ametrallamientos aéreos sobre pueblos como Puerto Esperanza.

La avanzada de la Fuerza Pública precedió la incursión paramilitar. A los campesinos les robaron sus enseres y ganado, y convirtieron sus terruños en centros de terror. En la región rige hoy un gobierno compartido entre los paramilitares y el Batallón XXI Vargas del Ejército Nacional.

La capital de este régimen parainstitucional es el municipio de El Castillo, el mismo en que fueron asesinados o destituidos, uno tras otro, cuatro alcaldes elegidos por la Unión Patriótica. Harvey Martínez, el actual alcalde, expidió el decreto 010 de 2005, en el que fija un tope de $50.000 por familia para la compra semanal de víveres. La disposición es ejecutada por los paramilitares. Los domingos en Medellín del Ariari expiden facturas firmadas y selladas por ellos en las que certifican que quienes adquieren en el mercado sus alimentos, no exceden el monto fijado. En los retenes que practican el Ejército y la Policía se exige la presentación del documento como salvoconducto.

El control alimenticio es una forma de cruel sometimiento de la población del Alto Ariari. 8 de abril de 2006. Acompañados por la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz y por organizaciones internacionales, habitantes del Bajo Atrato fundan otra zona humanitaria en el sitio Brisas del Curvaradó. Su nuevo asentamiento se crea en medio de las plantaciones de palma aceitera, en la finca del líder campesino Enrique Petro, quien valientemente ha defendido una porción de su tierra de la voracidad de las empresas palmicultoras.

Como acto de memoria, los miembros de la comunidad testimonian sobre la historia de su lucha. Desde 1996, los empresarios llegaron a la región. Acompañados por paramilitares, reunían a las familias y les proponían la compra de sus tierras. Los hombres armados les advertían que negociarían con los propietarios o, si se negaban, “con las viudas”. Algunos vendieron bajo la intimidación, pero a la mayoría tuvieron que desplazarlos con operativos militares y masacres. Falsificaron los documentos de compraventa de quienes expulsaron de su tierra.

Luego de la violencia contra la gente, vino la violencia contra la naturaleza. La plantación industrial acabó con la biodiversidad e invadió hasta el cementerio donde reposan los ancestros de la comunidad afrodescendiente. A su llegada a la zona humanitaria, los campesinos talaron las primeras palmas para afirmar su derecho a la tierra.

Las comunidades del Alto Ariari y del Curvaradó no van tras las mezquinas ayudas que otorga el Estado a los desplazados. Su lucha consiste en la recuperación del territorio para vivir dignamente.
Van cuatro semanas de la “desaparición” del investigador Jaime Enrique Gómez, sin que aún se tengan noticias de su paradero. Me uno a la exigencia de que regrese pronto al seno de su familia.
fm_cepeda@yahoo.fr

curba1.jpg

PALABRAS IMPECABLES: DIGNIDAD Y JUSTICIA.
No era de extrañar, nada era de extrañar, a los ojos de todos el regreso al Curvaradó es algo extraordinario. Romper la cotidianidad parainstitucional no solamente es osado, es una expresión libertaria. La caminata por la tierra abandonada desembucha el miedo, desencadena la posibilidad de hacer de la utopía una realidad, de las necesidades una concreción cierta. Catarsis colectiva, miedos socializados, amor por lo perdido, eterno sentimiento que arrastra a los ancestros a la tierra.

La caminata de los que pensaban regresar al Curvaradó se inicio a eso de las 2:00 p.m. el 8 de abril. Andadura desde el cementerio de Belén de Bajirá hasta la sede de la Policía Nacional, lugar de dolorosos recuerdos, el ultimo de ellos la detención arbitraria del afrocolombiano ORLANDO VALENCIA, luego de la cual fue desaparecido y asesinado por estructuras de tipo paramilitar. Belén de Bajirá municipio, que aun se encuentra en litigio para saber si es del Choco o de Antioquia. Lo preciso es que muy cerca de allí pasa la panamericana, que esta distante a una hora cuarenta y cinco minutos de Apartado por carretera destapada, que sus calles abandonadas, su miseria evidente contrasta con las inversiones en la palma.

En este peregrinar se hace un recorrido por la costumbre, la rutina del terror en el alma, la del olvido en cantinas donde se ahoga la existencia, la del estrenduoso sonido que adormece la sensibilidad. Mas de 200 personas venidas de San Pedro de Urabá, de Necoclí, de Medellín, de Chigorodó, de Turbo, de Apartado, de Medellín, de Cali, de Villavicencio y del mismo Belén de Bajirá, irrumpieron en el primer paso de regreso al Curvaradó ese sábado 8 de abril. En absoluto silencio con la sobriedad de la autoridad, que no se legitima en el poder sino en las destrucciones generadas a nombre del Estado de Derecho, transitaron los peregrinos, los que intentaron regresar ese día a su Territorio. Eran las victimas de crímenes de Estado, de crímenes de guerra, de violaciones de derechos humanos e infracciones al Derecho Humanitario del Curvaradó. Uno a uno en la palabra del silencio en medio del pensamiento único, de la irracionalidad, caminaron. La palabra no eran grito, no era algarabía, ni consigna, un lenguaje de dignidad, la caminata en el silencio en medio de las estructuras criminales, de ellos eran las únicas armas, las palabras soeces y su propia indignidad. Caminando en medio de testigos mudos que desataron palabras del alma. Caminando, en medio del sometimiento, nacieron lágrimas.

Hasta allí caminaron los peregrinos que regresaban a la tierra, un significativo número de niños y mujeres acompañados de iglesias cristianas de los Estados Unidos, de organizaciones de solidaridad de Europa y de América Latina y de organizaciones de Derechos Humanos de Colombia. Y paso a paso, por las pocas cuadras principales de Belén de Bajirá se reconstruían imágenes, voces, se exhumaban sueños. Muchos espectadores decían: “por fin algo nuevo”, “Alguien esta diciendo algo. Dios, los van a matar si no es hoy va a ser después. Dios ayúdalos” y se daban la bendición. A medida que caminaban de las tiendas de abarrotes salían nuevos rostros y nuevas palabras: “no pueden decir que son guerrilleros, son nuestra gente reclamando lo justo, volviendo por lo suyo”. Los transportadores entre palabras entrecortadas, en medio de ingenuidad expresaron: “vuelven a su tierra, es su derecho, se las han devuelto”. Otros dejaron las cabinas de teléfono salieron a merodear van a su tierra donde ahora casi todo es palma. “Muchos tesos”. Muchos guardaron sus palabras no era para menos, en el pueblo circulan las estructuras de tipo paramilitar de civil con arnas cortas, con radios y con motocicletas, a ellos las autoridades les temen, aunque la libertad se disfrace de bulla. Entre runrunes algunos hablaron de los últimos crímenes cometidos en las plantaciones de palma en los últimos dos meses. Se cuentan entre quince trabajadores de los empresarios perseguidos por ellos mismos. Otros que fueron engañados por los palmicultores, traídos de otras regiones de Córdoba y de Antioquia por paramilitares y luego abandonados a su suerte, echados de las plantaciones, musitaron algunas palabras, “por fin algo justo se esta haciendo, están volviendo al lugar que nosotros les destruimos siendo engañados, miren tanta gente inocente”. Y no sobraron los recuerdos entre los expectantes privados de participar de otra forma por miedo a la represalia. “Mire ahí esta la viuda de tal, si el que asesinaron en 1.996. Ahí esta la sobreviviente de la masacre de Brisas de Curvaradó. Ah ahí están los hermanos de tal”. Aun a pesar de todo el control en, diez anos no se olvidan muchos de los nombres y de las 113 personas asesinadas y o desaparecidas y los desplazamientos que desalojaron en 14 veredas a los campesinos mestizos y afrocolombianos en donde hoy solo se ve la palma. Otros no expresaron palabra, se apostaron a lado y lado de las embarradas calles, mientras los propietarios de algunas cantinas bajaban el volumen de los equipos de sonido. Y entre la sensibilidad humana guardando el respeto debido a la verdad andando en esos 200 campesinos, ahí ellos presentes, irrespetando lo impecable, algunos las siguen llamando “Convivir”, otros los parascos, otros los paraguayos, otros los de seguridad, otros los paramilitares y otros las autodefensas. Igual en cualquiera de las palabras como se les reconoce, lo coincidente como parte de la costumbre, la ilegalidad disfrazada de legalidad. En Belén de Bajirá no es extraño que estén dialogando con la policía, con los militares, que pasen de tienda en tienda bebiendo, o cobrando el impuesto o que se sienten a manteles con los empresarios palmicultores, todo ese paisaje de criminalidad es la normalidad.

Y así pasaron los primeros 90 minutos de regreso al Curvaradó, la alegría rompimiento del miedo en el alma, las lagrimas de liberación de los mecanismos de opresión. Frente a la Estación de Policía se subieron a dos buses y dos camperos los pobladores del regreso y llegaron a Brisas de Curvaradó 20 minutos después, como a las 2:30 p.m.

Era el caserío en donde por primera vez se conoció de la ofensiva de terror supuestamente para acabar a la guerrilla de las FARC. Allí en octubre hace diez anos, un domingo, fueron asesinadas varias personas, mientras todo el pueblo fue concentrado en la cancha de fútbol del lugar. Muchos de los del regreso llegaron allí luego de 10 anos de abandonar por la fuerza esa tierra. Desde ese mes, la historia cambio para sus habitantes, se desato una violencia hasta ese momento inimaginada, una violencia que desde el 2001 mostró sus razones de fondo. La guerra no era contra la guerrilla era contra los habitantes, los intereses ocultos estaban a pocos metros, cruzando el río Curvaradó. Intereses agroindustriales sobre los territorios de afrocolombianos y pequeños propietarios de tierra en los que la palma se asentó con visos de legalidad sustentada en el soborno, en la presión, en la amenaza, en la muerte.

Entre las memorias vivientes, empezó la espera, incertidumbre y tensión. Hasta las 2.30 p.m. el ferri o planchón que diariamente es de servicio publico, justo cuando llegaron las mujeres y hombres del regreso, se “estropeo”. Una mentira poco creíble como los partes oficiales que pretenden ocultar el escandaloso desenfreno de poder paramilitar. Minutos antes del intempestivo cierre, tres paramilitares del Bloque Elmer Cárdenas al servicio del reconocido empresario JAIME SIERRA, quienes se movilizaban en su camioneta azul, de acuerdo con testigos que estaban hacia las 1.00 p.m. en Brisas de Curvaradó, en una camioneta azul, conocidos como Nelvis o Melvis Hernández, alias el Mocho, alguien de apellido Tordecillas, alias El Moña, alias El Chamo, alias El Negrito, transportaron armas largas. Esa realidad construyo la versión de que la bienvenida para los que regresaban era una masacre.

Y paso el tiempo. El sol tímido apareciendo coqueto entre nubes, galopando en el movimiento del río de la memoria. Cauce que encierra misterios de cuerpos mutilados, de vidas destruidas con motosierras. Cuerpos de cientos de campesinas y campesinos arrojados al Curvaradó, el mismo que atraviesa por Dabeiba, por Pavarandó por Carmen del Darién y Riosucio buscando el Atrato. Aguas que discurren con las historias de las victimas del túnel de la Llorona en Dabeiba, o sobre el puente de Pavarandó. Río del Curvaradó sagrado para aquellos del regreso que exigen su derecho a enterrar.

Sentimientos, historias, recuerdos durante más de dos horas. Pasaron las 4.00 p.m., las 5.00 p.m., las 6.00 p.m. A esa hora, según fuentes oficiales, el ferri entraría nuevamente en servicio. Minutos entre decenas de militares y policías observando las palabras, las miradas, las expresiones de todos los que ahora solo esperaban que la extraña situación se modificara. La puesta en escena era profundamente realista. La soberbia del poder empresarial pretendiendo aplastar el derecho de los desplazados a regresar al Territorio, el poder del Estado policial y militar asegurando la propiedad ilegal y la voluntad de los guardianes del Derecho intentando que eso del Estado de Derecho como simbolismo sea eficaz. Todo esfuerzo vano. Negocios son negocios, dinero es dinero, el oro es oro. La escena es parte de un libreto Shespariano o texto de la patrística. La tragedia humana ahí presente. Las nuevas formas del faraón o del imperio. Terror, sangre, fealdad simulada de progreso, de democracia, de belleza, aplastando lo único que aun tiene la esperanza. Ni las razones de la imagen empresarial posibilitaron el cambio de actitud. Para nadie, de los de la espera, quedo dudas que tipo de empresarios están detrás de la palma. Y a las 6.00 p.m. cuando esos rayos de luz empezaban a mostrar los signos de su sueno, los peregrinos y los que regresaban miraron al río Curvaradó, contemplaron el horizonte, el territorio que aun los esperaba, el lugar de los ancestros, el espacio sagrado de la vida. Esa noche se despidieron, aunque algunos querían pasar la noche allí en vela aguardando el momento para cruzar el Curvaradó. Todos se despidieron guardando entre las tripas con hambre, con el sudor en el cuerpo y el alma viva, la esperanza del regreso. Todos constataron que lo solicitado el 30 de marzo en aplicación de las medidas provisionales de la Corte Interamericana de Derechos Humanos como garantía para el regreso no era posible. El uso del ferri o es posible si se acata el silencio y se legitima la ilegalidad.

Y a las 7.00 p.m. nuevamente en Belén de Bajirá, en donde de manera espontánea un espacio sagrado se convirtió en refugio de la noche, la solidaridad de los empobrecidos se mostró nuevamente. Un sencillo templo fue lugar de acogida, espacio para las palabras de los sentimientos, para reiterar el regreso a lo que desde esa tarde era la tierra prometida, según expresaron los creyentes,” el día de hoy era un paso en el desierto”. En medio del hambre y del cansancio las palabras suyas eran precisas. “No podemos dejar de insistir. Es una prueba, Muchos anos han pasado y aun sobrevivimos”. “Debemos volver a intentar, no estamos haciendo nada ilegal. Estamos respetando lo nuestro y lo de la humanidad”. “Vamos a volver a intentar”. “Dios esta con nosotros, nada puede pasar. En ese territorio están nuestros huesos, nuestros ancestros. Estamos actuando correctamente”. A veces la impunidad genera un sentimiento de culpabilidad.

De los 200 que iban a regresar no todos podían hacerlo el día siguiente, el transporte por tierra, un recorrido que implicaba mas de cuatro horas pasando por Caucheras, Mutatá, Pavarandó, Llano Rico, era muy costoso para un regreso que cuenta solo con medios propios. La decisión de los empresarios evidentemente elevo los gastos del regreso, incremento los riesgos y negó inicialmente a las niñas y niños y a más de 38 familias esa posibilidad. Con los abrazos, las bendiciones y los sueños entre costales y corotos en una improvisada cocina, en camas de cemento, los desplazados pasaron la noche. Los 200 durmieron juntos acompañados de la lluvia que sobrevino fuerte, permanente, llorando y consolando. “No hay que temer. Cuando tanto llueve es que nace lo bonito, la buena cosecha”. “Es una fortuna, la lluvia es creación, es la vida, es la buena semilla alimentada. Y cuando tanto llueve ellos se esconden, le tienen miedo a la fertilidad, por eso es que dicen que cuando mucho llueve en un matrimonio es que va ir bien”. Vino el sueno, paso la noche.

curba2.jpg

9 de abril
A eso de las 8:00 a.m. partieron desde Belén de Bajirá dos pequeños buses, un chivero y un campero de la Defensoría del Pueblo con integrantes de esta institución y del Ministerio del Interior. Atrás quedo el bus escalera en el que la mayoría se había transportado hasta Brisas de Curvaradó. En el recorrido a pocos minutos del casco urbano de Bajirá, algunos de las 22 personas del regreso miraron a lado y lado de la carretera la transformación de la selva tropical en potreros y en siembras de palma, era el anuncio de lo que verían más adelante, la biodiversidad transformada en uniformidad.

Entre los sonidos de los motores y la lluvia que penetraba en el interior del cuerpo se escuchaban relatos de la vida, de llanto y de fertilidad. “Hace 10 anos que yo no pasaba por aquí, esto esta cambiando, hay mucha gente viviendo aquí que nunca se les conoció. Yo vine a esta región hace 49 anos, los negros nos cedieron tierra, nos dijeron aquí pueden habitar y así empezamos. Aquí esta mi nieto el nació aquí pero no se acuerda porque el tenia dos anos cuando nos toco salir”. Otro expreso: “aquí estaba la finca de los OSORIO, a ella la buscaron en Medellín a donde se desplazaron todos, los paramilitares le dijeron necesitamos que firmen los papeles y no los firmo, y otra vez se desplazaron”.

Así entre historias rumoradas paso el tiempo hasta cruzar el puente que permite el paso de Mutatá hacia Pavarandó por el río Curvaradó o Riosucio, en sus aguas se guarda el silencio caudaloso de la muerte violenta. La estructura gris evoca tiempos del arrasamiento, la primera etapa del paramilitarismo antes de su fase de control social, es recuerdo del tiempo de los campesinos desaparecidos, torturados, asesinados y lanzados con piedras en sus vientres a esas aguas que desembocan kilómetros después en el golfo de Urabá. Puente vetusto como la misma impunidad que es parte de la costumbre del Estado de Derecho, cimiento del olvido oficial en la fase de legalización.

Ese puente es ahora el paso de los frutos de la palma que se procesan en Mutatá y que se envían a Santa Marta, es el paso obligado de camiones que cargan rastras de maderas de la deforestación ilegal del Territorio Colectivo del Curvaradó y Jiguamiandó, este es el progreso anunciado por los paramilitares el 20 de diciembre de 1.996 en el municipio de Riosucio, el mismo que anunciaron en una incursión anos después en el Cacarica el 7 de junio del 2001, con bolsas de dólares, semillas de coca y propuestas de siembra de palma de aceite. Por ese mismo puente, se movilizan las estructuras paramilitares, las de ayer y las de hoy, las que la gente no logra diferenciar. Es evidente la presencia y actuación conjuntas, con novedosas técnicas de control, de las estructuras desmovilizadas del Bloque Bananero y las que están por desmovilizarse del Bloque Elmer Cárdenas. Las primeras continúan operando de civil en el casco urbano de Mutatá entre las autoridades policiales y las que aun no se han desmovilizado continúan presentes en Pavarandó, en Mutatá, Riosucio, Bajirá, Barranquillita, Chigorodó, Curvaradó, Cacarica, Salaquí, Truandó, Domingodó, Turbo. Cambian las formas, el fondo se sostiene incólume. Con todo, los campesinos se han arriesgado a regresar, a hacer evidente su angustia, su tragedia y su esperanza.

A eso de las 10.50 a.m. la caravana paso por Pavarandó, el corregimiento donde fueron forzadamente ubicados por el Ejercito cerca de 5.000 afrocolombianos y mestizos del bajo Atrato en abril de 1.997 cuando infructuosamente intentaron llegar a Mutatá. Hoy de 10 mil habitantes, no mas de 3.000 construyen alternativas y se resisten a la impunidad, a la expropiación ilegal y al desarrollo agroindustrial asegurado en la parainstitucionalización que incluye el control de los Consejos Comunitarios. En ese caserío, por el que atraviesa la carretera, se encontraron cerca de 12 unidades de esta estructura armada, de ellos uno vestido de civil pregunto a los que se transportaban en un bus hacia donde se dirigían, el silencio fue la respuesta inicial, todos esperaban que el gobierno Nacional, que la Comandancia de la Brigada 17 o que la MAP OEA hubiesen informado del regreso. Después de unos minutos de interrupción en una corta conversación con los delegados del Estado se continúo la marcha.

En los pocos minutos quedaron registradas imágenes de un escenario sombrío. Una lluvia pegajosa censurando la piel, una pesadez de la alegría, botellas del alcohol en el suelo y algunas de cerveza abandonadas a su suerte, rostros envejecidos de la rutina en el transito de la niebla. Las gotas caían en tierra estéril. Muchas verdades se percibieron entre las artificiosas actuaciones de la ilegalidad. Algunos efectivos armados portaban pañoletas con la palabra Unidades Contraguerrilla evidencia del cinismo o de la tragicomedia nacional. Algunos comentarios surgieron ante la ausencia de disimulo o la pésima actuación.

Por minutos ceso la lluvia y apareció nuevamente el Curvaradó hasta llegar a Llano Rico un caserío habitado por repobladores o como otros llaman, habitantes trasplantados de Córdoba, Urabá antioqueno, Sucre. No era fácil callar. Allí en diciembre de 1997 se desato la ronda bajo la estrategia paramilitar que arrojo un saldo de mas de 26 victimas, creando el espacio del olvido, la mayoría de sus habitantes primigenios ya no están allí. Ahora los extraños habitan lo que otros construyeron, vinieron con las empresas como ocurrió en Apartadocito, otro caserío distante a 20 minutos, extraños protegidos cuando no por los “civiles” armados de la estrategia paramilitar por efectivos militares perfectamente identificados de la Brigada 17.

Alguien recordó que los repobladores fueron traídos por los paramilitares conformando asociaciones campesinas, como ocurre hoy en el Cacarica y en el Truandó. El sueno del progreso en el negocio de la agroindustria con los créditos de FINAGRO, recursos dependientes del Ministerio de Agricultura, es una quimera y parte de la ilusión. Una de las victimas del trasplante poblacional expreso: “las asociaciones partimos de que las tierras eran legales, se nos dijo que éramos socios de las empresas, que recibiríamos ganancias por mitad, firmamos créditos de FINAGRO con el Banco Agrario. Ahora sin haber visto un solo peso, y haber trabajado en la siembra estamos endeudados. Yo debo mas de 250 millones de pesos, nunca recibí nada, pero mi firma, ni nombre, mi cedula fueron usadas por los empresarios de la palma. Ellos se quedaron con la plata, invirtieron, nunca nosotros supimos de la plata, nunca paso por nuestras manos y ellos están ganando todo, por denunciar me echaron y me amenazaron. Y ahora nos enteramos que esa tierra esta poseída ilegalmente, si”. “A mi Johanna Quinayas, gerente de Urapalma, me mando callar por denunciar lo que han hecho con los campesinos, y me mandó amenazar, después fui despedido de la empresa. Otro agrego yo vine engañado, yo le creí al Estado, pero la palma de aceite es un proyecto agroindustrial que sobre el papel aparece de pequeños campesinos y como tal fue legalizado pero hoy no hay no hay ningún pequeño campesino que se esté beneficiando”.

El paso de una caravana había abierto verdades no reconocidas por el Estado colombiano pues causarían un escándalo. Varios de estos campesinos fueron engañados, a algunos les prometieron la tierra que nunca tuvieron, reforma agraria, le anunciaron el progreso entorno a la palma, ahora ellos son otras victimas. Los empresarios no conocen la palabra lealtad. “Yo vivía por aquí fui obligada a vender mi tierra por 200.000 pesos por hectárea, pero primero fui amenazado por los paramilitares, luego de que estos estaban presentes en una reunión convocada por los empresarios. Estábamos mas de 60 familias, una mujer de civil, acompañada de los paramilitares nos expreso, esta tierra la necesitamos y la deben vender a un buen precio. Luego vinieron unos asesinatos, la huida y las ventas ilegales. Y yo que iba a denunciar si eso era advertido que el que denunciara se moría, y las autoridades también estaban ahí. Mi predio había sido transferido a través de métodos fraudulentos, a pesar de no haber firmado ningún documento, el título de mi propiedad ésta ahora a nombre de otro titular”.

Antes de salir de Llano Rico, al lado de lo que pretende mostrarse como una propiedad privada empresarial rodeada con alambre y postas de valor, que en realidad es un camino de servidumbre, aparece la gran uniformidad de la palma. Al lado izquierdo un letrero de Urapalma y al lado derecho otro que invoca la solidaridad para cuidar de la naturaleza. Cinismo, burla, sin vergüenza o simple imagen, el mismo calculo que no tuvieron para haber habilitado el paso en ferri de los que regresaron. Una respuesta a la Peregrinación de agosto del 2005 donde los afrocolombianos y mestizos de las Zonas Humanitarias delimitaron zonas de reserva de la vida natural con letreros en los que evocaron la creación de la naturaleza como creación de Dios y la preservación de la selva primaria como patrimonio de la humanidad. Desde ese punto, el paisaje era absoluta rutina, metros y metros a lado y lado de palma, expresión monotemática de la agroindustria interrumpida solamente por la lluvia que caía. Entre la homogeneidad artificial del monocultivo y la supuesta legalidad y legitimidad de la agroindustria con títulos falsos de propiedad y la política publica que ubica a la palma como renglón estratégico, los relatos de algunos propietarios legítimos y legales con títulos individuales y habitantes de las mejoras de los Territorios Colectivos, exigiendo la restitución de las parcelas con base en los principios Rectores, los Principios para la Restitución de Patrimonio y con el retorno resuelto a través de las medidas provisionales de la Corte Interamericana de Derechos Humanos desde marzo de 2003 y reiteradas recientemente en febrero de 2006, o la aplicación de la Directiva 08 de la Procuraduría General de la Nación o de la Resolución Defensorial 039. Esperanzas en el Derecho para los sobrevivientes de las Zonas Humanitarias del Jiguamiandó, de los que habitan en Medellín, en Cali, en Turbo, en Chigorodó, en Necocli en donde silenciosamente permanecen a la espera del tiempo donde sea posible la verdad y la devolución de lo que les fue arrebatado con sangre, con terror y con ilegalidad.

Hacia las 12:00 p.m., interrumpiendo la monotonía, se llega a la mejora de ENRIQUE PETRO, sobre la carretera. Se observa en el fondo una casa de dos pisos, algunas cabezas de ganado, siembras de maíz, de papaya, de arroz, de yuca, mas al fondo un cristalino río, por algo se llama Cano Claro y rastros de selva primaria, a lado y lado todo rodeado de palma, pero de su mejora de 150 hectáreas don PETRO, logro proteger 30 hectáreas y eso a pesar de las amenazas, del atentado paramilitar contra su vida y del incumpliendo de los empresarios a los acuerdos a que llego para pagar los danos causados, según ellos por que sin quererlo ocuparon 100 ha de la palma por pasarse de los limites. Lagrimas contenidas en los ojos, palabras atropelladas en los labios, abrazos espontáneos, los 20 que regresaron al Territorio en el que nacieron, en el que sembraron explotaron en voces, en cuerpos encontrados. “Estamos aquí, ya no reconozco en donde viví, pero estoy recordando todo, como era aquí. Yo era vecino de don ENRIQUE, el me vio de niño”. Las pocas mujeres hablando a sus niños, “allá es nuestra finca, su papa allá nació y se crió. Allá la tierra esta”. “Los violentos cambiaron todo esto. De mis árboles, de las aguas, de los pájaros no dejaron nada, que dolor, pero me alegro por poder estar aunque me duele lo que veo”. A menos de 5 minutos por el ingreso y por la continuidad de la carretera testigos mudos. La presencia de unidades militares que permanecen en el río Cano Claro, en donde se encuentran unas bodegas de los empresarios palmeros y a la espalda sobre una garita y una carpa instalada una unidad de sanidad militar de la Brigada 17. No es necesario decirlo, el mensaje es claro, la presencia institucional de las Fuerzas Militares es permanente.

curba3.jpg

Mientras se alistan las herramientas para el trabajo, unas mil historias repitiéndose, las primeras veinte historias de los que regresaron, y luego algunos que vinieron a pie, y luego otras victimas del engaño empresarial. Un hilado común entre las amenazas de muerte, la invocación del silencio permanente, la lealtad al terror o a la dignidad. Una mariposa revolotea, una sobreviviente, la reina del pacifico indicio de la espera en esperanza, de los sueños por volver a habitar. Y aun, sin importar el hambre a construir los cambuches, a coser los alimentos, a afilar las hachas, el tiempo de la siembra que se puede perder. Y la tensión, la alegría, la incertidumbre, el silencio.

Y luego del almuerzo antes de partir al lugar donde desde ese día se construiría la Zona Humanitaria del Curvaradó lo impecable. “Como se le informo al Gobierno Nacional en el marco de las medidas provisionales, el 30 de marzo, la mejora en donde se levantara la propiedad esta reconocida por tradición, por costumbre de habitación, de uso, de cuidado por Don Petro. No hay una ocupación de propiedad privada no hay daño en bien ajeno no hay ilegalidad en la construcción que se va hacer. La propiedad de don PETRO es de 150 hectáreas, 105 se encuentran con planos elaborados por el INCORA, los habitantes del Territorio Colectivo reconocen la mejora de su propiedad desde hace mas de 40 anos, los empresarios de Urapalma reconocen en documento, firmando como testigo el General PAUSELINO LA TORRE que esta es su propiedad. Aquí no se puede argumentar ningún tipo de litigio o controversia entre legalidad y legitimidad. Ni siquiera la reciente Resolución del Incoder pone en duda evidente la propiedad de DON PETRO”. En marzo de 2005 un Informe del Instituto Colombiano de Desarrollo Rural INCODER reconoció la ilegalidad de la siembra de palma en los territorios colectivos y propiedades individuales, aseverando que se esta dando de hecho una contrareforma agraria. Meses después ante la presión empresarial este reconocimiento empezó a ser desconocido negando el derecho al territorio de las comunidades afrodescendientes y mestizas desplazadas del Curvaradó. La pretensión es reducir los limites de los predios a través de un proceso de verificación de propiedad y deslinde realizados sin consulta, sin que se pueda ejercer el derecho a la defensa de las personas y comunidades perjudicadas por la apropiación ilegal de las tierras. Es una forma de legalización de la ilegalidad.

De seguir adelante esta actuación institucional, centenares de familias desplazadas del Curvaradó y el Jiguamiandó perderán su derecho al Territorio, la posición gubernamental, disfrazada de legalidad y de neutralidad, esta impidiendo de hecho la restitución del patrimonio de la población desplazada. En octubre y diciembre pasados, el Ministro de Agricultura ANDRES FELIPE ARIAS, anuncio a través de medios de información, sin siquiera haber informado de manera directa a sus afectados, que 15 mil hectáreas eran propiedad legal de los palmicultores, desconociendo la ancestralidad en la habitación del territorio por mas de 120 anos de los afrocolombianos y la posesión de mas de 40 anos bajo la adjudicación de predios individuales por reforma agraria, en muchos casos, de los mestizos.

Ante la cuestionada actitud institucional respecto de los derechos de los afrocolombianos, la Organización Internacional del Trabajo, OIT, se pronuncio indicando que: (…) la Comisión de Expertos reitera la obligación del Gobierno de garantizar la aplicación del Convenio 169 y especialmente el derecho de regresar a sus tierras tradicionales y de impedir “toda intrusión no autorizada en las tierras de los pueblos interesados o todo uso no autorizado de las mismas por personas ajenas a ellos (artículo 18 del Convenio)”. Finalmente, la Comisión solicita al Gobierno colombiano “que despliegue todos los esfuerzos necesarios para proteger la vida y la integridad de los miembros de estas comunidades”

curba4.jpg

Por eso, el ejercicio de afirmación de los derechos por parte de las 20 personas, en representación inicialmente de 40 familias, que se inicio esa tarde, a las 3.45 p.m. de ubicar una Zona Humanitaria del Curvaradó y cinco Zonas de Protección de la Biodiversidad, es afirmación de la dignidad ante la erosión del Estado de Derecho. A esa hora, los campesinos arrancaron de raíz tres palmas y 16 ramas completas de las plantas. Luego la valla que visibilizaba la Zona Humanitaria. Fue un signo legal y legitimo de libertad, ese fue el bautismo, el nacimiento a una nueva vida “Yo me sentí arrancando un obstáculo del corazón, sentí que lo nuestro era posible estando juntos, que el Territorio es de sus habitantes legítimos y no de los que han llenado con sangre, con mentira y con el poder de sus armas y de su dinero a destruir la vida y el territorio. La tierra es de todos, los que la cuidamos, de la que viven nuestras familias, de la que vivimos antes de ser desplazados”. El ambiente se hizo leve, afloro la alegría, las risas, el llanto de felicidad, volvió la memoria, vinieron los recuerdos de lo perdido, de lo que hay que reconstruir a pesar de 10 anos. Desde ese día hasta el miércoles santo han sido arrancadas 130 palmas y los pobladores han habilitado dos espacios para dormir, allí pronto llegaran los niños para la escuela propia.

Una hora después era importante volver al lugar donde reposa la memoria de los ancestros, donde están los signos de la historia, de cuerpos que trabajaron, que sonaron, que labraron, que protegieron el Territorio. Y vino la caminata de 30 minutos desde la Zona Humanitaria en Cano Claro hasta el corregimiento de Andalucía. Al llegar al poblado se constato la sepultura del pueblo con palma aceitera, del mismo modo, la agroindustria solo sabe de negocios y comercia hasta el lugar de los muertos. En el caserío abandonado se observo la reciente destrucción de la iglesia evangélica, de los rostros de los antiguos habitantes salieron palabras entrecortadas, recordaron que allí habitaron 70 familias que el poblado había sido construido sobre un predio de propiedad de Antonio Correa donado a la comunidad y volvieron a los tiempos de la violencia paramilitar, los de la amenaza y la muerte: “aquí llegaron ametrallaron, buscaban guerrilla y aquí no había guerrilla”. A otros les advirtieron, “el jefe necesita la tierra, si no la entrega la viuda nos vende barato”. “A nosotros después que nos desplazaron nos fueron a buscar a Cali, allí cogieron a mi papa, lo amenazaron si no firma, se muere”.

Y antes de la noche se percibía que el Derecho es de hecho. Familias de la comunidad de El Guamo daban cuenta del camino de la desesperación. “Éramos 40 familias que permanecimos en la vereda pero hoy solamente 10 nos mantenemos en un proyecto comunitario, no queremos vender las tierras, un señor Jhony nos presiona a vender las tierras, están secando la ciénega, están acabando con los peces, con la flora, ahora no nos podemos mover por donde era nuestra tierra, solo podemos movernos hacia el Curvaradó, nos tienen encerrados y amenazados. Ante la necesidad muchas familias han cedido a la presión de los empresarios y paramilitares para participar en el proyecto PASO del bloque Elmer Cárdenas, es la presión y el engaño, ellos dan un dinero en cambio de ser informantes pero no hay justicia. Esta presión ha generado mucha zozobra, hay ahora mucha desconfianza, están engañados y se va a perder el territorio, se ha ido destruyendo el consejo comunitario y el territorio colectivo se va a perder. Hace unos días los jóvenes organizaron un torneo deportivo por la mañana llegaron hombres con capuchas eran los paramilitares y miembros del Ejército. Los militares detuvieron arbitrariamente un joven de la comunidad de La Despensa, lo insultaron, le preguntaron por el paradero de la guerrilla a lo que el joven les respondió que no sabía porque él era campesino y ahí no había guerrilla, que ellos lo sabían, luego de dos horas lo dejaron. Las autoridades piensan que todos los campesinos son guerrilleros. Por ejemplo, todo los que estamos aquí, para ellos todos somos guerrilleros. Mientras nosotros estamos aquí el ejército está diciendo que aquí están reunidos unos guerrilleros, es un juego, y luego viene la persecución, la cárcel y se quedan los otros con la tierra”. Y los integrantes de las Zonas Humanitarias del Jiguamiandó informaron que en la comunidad afrocolombiana existe mucho temor porque muy cerca “se oyen las motosierras cortando madera. Al cortar los árboles, ya se sabe que viene la palma”, “la madera la sacan sin permiso alguno, es negocio redondo y nos tienen bajo amenaza, con falsas testimonios en procesos judiciales acusados de guerrilleros y nosotros somos los civiles, y los guerrilleros siguen en la guerra y nosotros los pobladores somos los perseguidos por el Estado, los empresarios y los paramilitares”.

Volvía el tiempo de la noche, el tiempo era corto para tanta historia, para tanta vuelta con el corazón, para tanto detalle. Esa fue la búsqueda inicial de los ancestros, de la tierra donde reposa la memoria, donde nace el presente. Y de regreso nuevamente se paso enfrente de las unidades de la Brigada 17 que cuidan las bodegas de Urapalma y luego a menos de 5 minutos se llego a la Zona Humanitaria.

Y llego la noche, la cena, el fuego. Una pequeña llamarada acompañó los cantos, los testimonios, los abrazos, los llantos privados, las risas reprimidas salieron a flote. Y vino el cansancio y reposaron los sueños en la noche de luna llena. Y llego la mañana, del 10 de abril, a las 7.30 a.m. miembros del Ejército, vestidos de camuflado y portando armas largas, ingresaron sin pedir permiso al predio de propiedad del señor Petro, se ubicaron frente al sitio donde se adecua el terreno para la Zona Humanitaria, cinco de ellos se ubicaron en lugares visibles, mientras otros permanecían ocultos entre las plantaciones de palma. Junto con ellos se encontraban dos hombres vestidos de civil, eran empresarios de la palma. Al ser interrogados por la razón de su presencia, los militares manifestaron que venían para hablar con el Defensor del Pueblo “para ver en qué se podía ayudar, y qué se ofrecía”, como una paradoja, y ante la evidencia de ser descubiertos con los empresarios expresaron el ejercito es “neutro” con el tema de la palma. Era la nota irónica o la del cinismo. Días después historias similares se repitieron. Es el libreto de la provocación. Incluso el miércoles llegaron a la Zona Humanitaria unidades militares y policiales, con una persona de civil quien dijo ser el comandante de policía de Mutatá, quien no se identifica plenamente, expresando la finura de su neutralidad, pretendieron que los pobladores que allí se encontraban firmaran un acta en el constatara que habían sido notificados de que “detuvieran la construcción de la Zona Humanitaria, la construcción de cambuches y la tumba de palma, ya que el terreno estaba en litigio en los estrados judiciales”. Esa neutralidad es la misma que han sostenido en el último año donde ha sido evidente el desconocimiento de la Directiva del Procurador General de la Nación y la Resolución Defensorial.

En los pocos días en que las familias se encuentran en la región se ha hecho clara la neutralidad institucional. Neutralidad claro, que soporta la barbarie de la que se han hecho participes por acción y por omisión en desarrollo de la estrategia paramilitar. Viene la memoria del siglo 18 tres siglos después. La historia de los bárbaros que instituyen su poder de dominación sobre la rapiña, poniendo a todos a su propio servicio en distintos planos. A su servicio para hacer cultivar la tierra, a su servicio para hacer protegerla con sus propias armas, a su servicio para hacerla legal con normas a su medida, a su servicio para legitimar la imposición con leyes como la de justicia y paz, para hacerla financiable con los créditos de FINAGRO. Por eso nada es extraño, absolutamente nada es extraño en la lógica de la barbarie. Y tal vez lo extraordinario es que 20 personas de un grupo inicial de 200 hayan iniciado el camino de la objeción a la barbarie regresando al territorio. “Allí donde estros ancestros están en el Curvaradó, el pan que alimenta nuestros hijos, el aire que anima nuestros cuerpos, las aguas que limpian nuestras mentes, los pájaros que animan nuestros sueños de libertad. Nuestra memoria está allí en el Curvaradó el rastro de crímenes y desplazamiento, los signos de la guerra interna que aún existe, las señas de la destrucción de la biodiversidad, Allá un espacio destruido en el que nace la esperanza, palabras impecables de dignidad y de justicia”.