¿Qué implica que el nuevo director del Centro de Memoria desconozca el conflicto armado?

—Aunque la ley de víctimas dice que lo vivido fue un conflicto armado, eso no puede convertirse en una verdad oficial —quién hablaba era el que será, si nada extraordinario ocurre, el nuevo director del Centro Nacional de Memoria Histórica.

La respuesta la dio el profesor Darío Acevedo –historiador y profesor emérito de la Universidad Nacional– la semana pasada al diario El Colombiano. La polémica no se hizo esperar. En redes sociales, columnas de opinión y programas radiales se hablaba de lo problemático que sería para el CNMH la llegada de alguien con una visión que niega (o cuando menos pone en entredicho) el conflicto armado interno en el país.

Acevedo no se ha posesionado todavía pero todo parece indicar que el nombramiento es inminente. Esta mañana publicó su habitual columna en El Espectador que lleva por título “Hasta luego” y donde escribe que “El presidente Iván Duque me ha concedido el honor de dirigir el Centro Nacional de Memoria Histórica”.

Parece que la espera en el nombramiento del Director del CNMH ha llegado a su fin. Desde que Duque se posesionó el pasado agosto, alcanzaron a sonar dos nombres para ocupar el cargo que, ahora y aparentemente, asumirá Acevedo. En octubre sonó el nombre de Mario J. Pacheco. Pero rápidamente su aspiración se frenó por cuenta de las redes sociales donde los usuarios sacaron a colación artículos que el propio Pacheco había escrito en contra del Centro de Memoria.

Luego, en el mes de diciembre Vicente Torrijos, politólogo de la Universidad Rosario, empezó a sonar como fuerte candidato, Sin embargo, rápidamente aparecieron criticas por los títulos académicos inexistentes del docente. Así que Duque tuvo que echar para atrás el nombramiento.

Parece que a la tercera será la vencida y que el nombramiento de Acevedo en el CNMH no tiene reversa.

El ‘conflicto armado’ y una pelea mas allá de la palabra

—Yo puedo opinar como ciudadano muchas cosas, siendo funcionario público, una vez asuma la dirección del Centro de Memoria tendré que acogerme a la ley. La Ley de víctimas dice claramente que hay un conflicto armado. Lo que yo quise decir en la entrevista con el diario El Colombiano es que no pueden ver verdades oficiales y la misma ley en artículo 143 así lo dice —dijo Acevedo el pasado viernes en una entrevista con Blu Radio.

Devolvámonos por un momento a 2011, cuando se expidió la Ley 1448, más conocida como la “Ley de víctimas”. Allí, en el preámbulo de la Ley es explícita la alusión al conflicto armado interno, “por la cual se dictan medidas de atención, asistencia y reparación integral a las víctimas del conflicto armado interno y se dictan otras disposiciones”.

Para Iván Orozco, profesor del departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes y quien fuera en su momento miembro del Grupo de Memoria Histórica (insitución que antecedió al CNMH), el tema del desconocimiento del conflicto se aloja en el plano de las grandes narrativas de la opinión pública: “Ese es el corazón de lo que en el Centro Democrático, y en particular Uribe, llaman la ‘traición de Santos’”. Es decir, que la pelea de Uribe con Santos empezó cuando este último dio un viraje en el discurso que se había tenido durante casi 10 años y reconoció que, en efecto, Colombia había vivido en un conflicto armado interno que respondía a causas sociales, históricas y económicas.

Ese reconocimiento fue el paso previo (y necesario) para que se pudieran dar las conversaciones de paz con la guerrilla de las Farc.

“A mi juicio –dice Orozco– la creencia, por parte de unos, de que no ha habido un conflicto armado en Colombia; y la creencia de otros en el sentido de que sí lo hay, es el punto de partida mas poderoso y más radical en términos de construcciones narrativas que hay en este momento en el país”. Y añade: “es la demostración de que la pelea por las narrativas en Colombia está siendo una pelea a muerte”.

¿Qué implicaciones tiene esta guerra por las narrativas? Y sobre todo, ¿cuáles son las implicaciones históricas de decir que en Colombia no ha habido (ni hubo nunca) conflicto armado?

Varias, digamos.

Para un prestigioso historiador, que además alcanzó a compartir espacios laborales con Acevedo, (y que le pidió a ¡Pacifista! no mencionar su nombre), “La gran implicación es que es una forma de desconocer el proceso histórico, la victimización de mucha gente y en últimas deslegitimar los diálogos que se hicieron con la guerrilla de las Farc”.

En el marco de la guerra contra el terrorismo, iniciada por George W. Bush luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el gobierno de Uribe empezó a hablar en estos términos: los de una guerra entre actores terroristas (o narcoterroristas, si se prefiere) contra la sociedad colombiana.

“Eso lo que hizo fue quitarle cualquier base política a la guerrilla y a cualquier negociación que se haya entablado con ella. Se desconoce el proceso histórico, porque si bien la guerrilla fue uno de los actores armados violentos y victimarios, pues no fueron los únicos. Hubo más: incluidos, desafortunadamente, agentes del Estado. Entonces bajo esa fórmula (la de la guerra contra el terrorismo) se homogeniza al actor armado y al victimario; se le lava las manos a los paramilitares y al Estado y se le niega a las víctimas su condición de víctimas”, dice el historiador que prefirió no ser citado.

Las madres de Soacha son un ejemplo de esto. Ellas (y sus hijos) fueron víctimas de actores del Estado. “En la lectura que el Centro Democrático propone según la cual hay una guerra del terrorismo, léase Farc o ELN, contra la sociedad, todas las demás victimas quedan en el limbo”, dice el historiador. Y su estatus de víctima se pierde. Se hablará de ellas o de los mal llamados falsos positivos como efectos colaterales. Y los agentes estatales responsables de estos hechos serán vistos como unas ‘manzanas podridas’ dentro de la institución.

Los comentarios de Orozco van en ese mismo sentido: Con este discurso de guerra contra el terrorismo se “exalta la legitimidad de todas las fuerzas que defienden al Estado. En particular, las Fuerzas Militares. Y eso cumple una función de ablandar los criterios de juzgamientos de quienes, por defender un orden legítimo, incurren en graves crímenes”.

“Como la política la hacen los seres humanos, y los seres humanos tenemos vanidades y miedos personales, mi impresión es que el balance costo-beneficio en términos de reconocer o no la existencia de conflicto armado en Colombia le es muy favorable para aquellos que quieren salvar a cualquier precio su nombre frente a la historia y la justicia. Porque negar el conflicto es la mejor garantía de quedar fuera de foco y pone el sometimiento unilateral en los ‘bandidos’”, dice Orozco.

Desde algunos sectores de opinión se cataloga a Acevedo como revisionista, la postura según la cual se acomoda la historia a los valores deseados y, en últimas, se le da un uso político (dejando de lado un cierto espíritu crítico de la disciplina de la historia).

“Cuando menos es revisionismo, cuando no negacionismo”, dice el historiador que prefiere no ser citado. “Esto de los falsos positivos ya sería negacionismo, por ejemplo”. La postura de Acevedo “iría entre revisionismo y negacionismo. Y eso, en términos de la verdad histórica, es mucho muchísimo mas grave”.

Para el profesor Orozco otra de las grandes implicaciones de no reconocer que en Colombia hay conflicto armado interno es la imposibilidad de buscarle salida negociada a la guerra. “Esto tiene como consecuencia que quienes son vistos como meros delincuentes se tienen que someter al Estado de derecho e impide la posibilidad de cualquier tipo de negociación”. A lo sumo, podrán negociar sólo sus términos de sometimiento.

La aparente llegada de Darío Acevedo al CNMH responde a la idea de país que tienen Duque, Uribe y el Centro Democrático. Una idea que no sólo implica aprobar presupuestos, nombrar embajadores o emitir decretos. Sino que implica también poner a circular ciertas narraciones o ciertos discursos que se ajustan mejor a ciertos intereses.

En palabras del profesor Orozco:

“Uno podría decir que los alfiles del Centro Democrático en el Congreso están en una guerra brutal de guerrilla ideológica contra las grandes instituciones que, en términos narrativos, dejó el Acuerdo de Paz: como lo son la JEP y la Comisión de la Verdad. Ahí es donde van a luchar por reescribir la historia. Y hacer lo que ellos llaman ‘corregir el sesgo de la izquierda comunista’”.

Extraido de: https://pacifista.tv/notas/implicaciones-historicas-decir-pais-no-hay-conflicto-armado-centro-memoria-historica/

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