La historia patria: un baño de sangre

Cuando el jefe del M-19 Carlos Pizarro desertó de las Farc y se largó por la selva una madrugada de 1973, dejó un papelito que decía: “Ya vuelvo”. Nunca volvió. Después de combatir en ciudades y montes durante 19 años, se desmovilizó con su gente en enero de 1990. Un sicario lo asesinó tres meses después.


Igual suerte corrieron unos 80 militantes del antiguo M-19, entre ellos 40 de los 52 dirigentes que el movimiento tuvo. Sumados a los que perecieron con las armas en la mano, los pocos jefes sobrevivientes calculan hoy que murieron cerca de 400 miembros durante los 17 años de vida de este grupo que nació como una “guerrilla chévere” y terminó provocando una de las peores tragedias de la historia nacional: el asalto al Palacio de Justicia.

Pizarro, el M-19 y la violencia política en Colombia fueron tema de una semana de reflexiones en la Casa América-Cataluña de Barcelona. Allí quedó en evidencia que el país ha sacrificado a millones de compatriotas en un baño de sangre que, en el mejor de los casos, lleva 61 años (desde el 9 de abril de 1948) y, en términos más realistas, no ha parado desde hace dos siglos. A los que tomaron las armas hay que sumar sus víctimas directas. Y a ellas, otras víctimas: las viudas, los huérfanos, los desplazados, los perseguidos injustamente, los que acabaron sumidos en la miseria…

La violencia solo nos ha dejado dolor y más violencia, hasta bordear el exterminio. Fueron exterminados los gaitanistas, los antiguos guerrilleros liberales, los 3.000 militantes de la UP y buena parte de los que lucharon con ellos o contra ellos. Un instituto calcula que el 14 por ciento de los desmovilizados de los años 90 -más de 700- terminaron abaleados en una esquina o en la puerta de su casa. Otros políticos cayeron en una tarima, como Luis Carlos Galán; un aeropuerto, como Bernardo Jaramillo; un andén, como Álvaro Gómez Hurtado; una calle, como Fernando Landazábal, o un semáforo, como Manuel Cepeda Vargas.

El narcotráfico exacerbó la violencia al dotar de armas más mortíferas a guerrilla y autodefensas. También el Gobierno mata mejor ahora. Una de las peores consecuencias de la estrategia guerrillera de combinar todas las formas de lucha -las legales y las ilegales- es que el Establecimiento aprendió rápido y ahora combate con la Constitución en una mano y, en la otra, las ejecuciones extrajudiciales y las masacres paramilitares.

El lento y doloroso repaso del fracaso de las armas en nuestra historia, tal como se hizo en Barcelona esta semana, conduce a una conclusión: el remedio no es más de lo mismo, sino un esfuerzo de todos los sectores, con la indispensable ayuda de organismos internacionales, por crear un país más justo y pacífico.

No podemos seguir sacrificando colombianos valiosos que, equivocados o no, buscan una patria mejor en esta larga guerra.

ESQUIRLAS. 1) Busque y vea en YouTube el reciente debate del senador Gustavo Petro sobre el tenebroso DAS de este Gobierno. Escalofría. 2) Además de absolver a los amigos de Uribe, el Procurador ahora persigue a sus contradictores. Acusar a un viejo líder del Moir como Jorge Enrique Robledo de cooperar con las Farc es como decir que la ‘Chiva’ Cortés espía para Millonarios. 3) Que se preparen para las retaliaciones quienes, como él, denunciaron los negocios de Tom y Jerry y el TLC. 4) Es gigantesca ironía que entre los absueltos por el Procurador figuren los altos funcionarios que, según la Corte, incurrieron en cohecho para reelegir a Uribe; y entre los investigados, gente que arriesga su vida por la paz. 5) ¿Qué opinan ahora los del Polo que votaron por este Procurador? 6) ¿Hasta cuándo seguirá produciendo el computador de ‘Raúl Reyes’ información oportuna para los afanes del Gobierno? 7) Recomiendo ver, sin prejuicios, los documentales de Hollman Morris sobre recuperación de rehenes.

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Daniel Samper Pizano

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/danielsamperpizano/la-historia-patria-un-bano-de-sangre_5435652-1