El país de las maravillas. El pensamiento primero yo que Colombia

Podrán tildar de todo al gobi- erno del presidente Uribe menos de coherente. Hay un sello en la forma como aboca la andanada de escándalos que cual peste ha caído sobre su administración.


La cartilla de la estética del ocultamiento uribista la aplicó a pie juntilla el minagricultura con la moción de censura. Había que orquestar y repetir hasta que pareciera verdad; se tenía que mimetizar y con gestos afectados y frases hechas parecía el ventrílocuo de uribito, quien lo es de Uribe. Lució “falso de toda falsedad”. Había que desviar y confundir la gravedad de las acusaciones específicas con temas dispares. Fue contaminante: llevó el origen de todos sus males a sus opositores. Y fue selectivo, sólo contestó lo que le convenía.

Esa cartilla enseña a no tomar el toro por los cuernos. Por eso algunos furibistas y miembros de Pensamiento Primero (yo, que) Colombia, como José Obdulio Gaviria (¿por qué? ¿a nombre de quién?) la emprenden no contra la decisión (clara como la luz del día), sino contra los conjueces que encontraron en la financiación para recoger las firmas del referendo irregularidades que deforman la voluntad de los signatarios.

No demoran en decir que los topes se han violado siempre para distraer lo inocultable: que el referendo está viciado desde su misma génesis, a pesar de que aquí el método es el fondo, así como en Cartagena, bien expuesto por la Señorita Valle, su estética es el contenido.

Otro tanto hará el ministro Gallego ahora que se descubre que los perdedores en la licitación del caótico Runt resultaron, como en la poética de Maturana, ganadores y (qué casualidad) algunos de ellos cercanos al presidente Uribe cuando no colaboradores y/o beneficiarios de zonas francas.

Y ya se barrunta el necesario control político al minprotección que a coro con su jefe le echan la culpa del caos de la salud al hueco financiero.

Frente a esa estética de raíz totalitarista, donde la imagen “de las masas” busca ocultar la palpitante realidad, cabe esperar la coherencia de la plenaria del Senado en la moción de censura y la del Consejo Nacional Electoral al estudiar la decisión de los conjueces. Más que de legalismo se trata de elemental decencia.

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Mario Morales