Trizas y risas

Al principio de su cuatrenio, Duque nos prometió que no tendríamos “ni trizas ni risas”. Se refería oblicuamente al dicho de uno de los líderes de su partido, que fue lo suficientemente sincero, o tonto, como para declarar que un gobierno del Centro Democrático haría trizas el Acuerdo de Paz. No, eso no pasaría, explicó el perfeccionista, pero tampoco habría risas (es decir, la guerrilla desmovilizada tampoco tendría motivos para estar feliz).

Algo cumplió con respecto de lo segundo: a los excombatientes los han seguido matando. Pero, de manera más general, estos cuatro años terribles se nos han ido entre trizas y risas, oscilando siempre entre lo siniestro y lo cómico (o una combinación de ambos). Con tensiones brutales acumuladas, que van creando una sensación de que se cae la estantería. ¿Sólo yo siento esto? ¿De pronto exagero? Siempre es bueno hacerse esas preguntas. Pero en este caso creo que la respuesta es de nuevo no. Piense la lectora en los eventos de los últimos días: paro armado de las Autodefensas Gaitanistas que cubrió decenas de municipios y varios departamentos, asesinato del fiscal antidrogas de Paraguay que vacacionaba en las Islas del Rosario con su esposa, torcidísima acción de la procuradora para castigar a alcaldes que no son de su cuerda mientras contempla sin inmutarse la continua participación en política de altos funcionarios del Gobierno nacional, activismo insolente de un criminal de guerra (como destacó Cecilia Orozco en este diario), más escándalos relacionados con las instituciones electorales…

Por: Francisco Gutierrez Sanin

Fuente: Trizas y risas | EL ESPECTADOR

 

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