La huella del pasado

Esperaba una respuesta contundente de Juan Manuel Santos, cuando en el debate de los candidatos del domingo pasado, Rafael Pardo le preguntó si en verdad había creído que él pudiera estar complotando con las Farc para tumbar a Uribe.


Santos dejó dudas graves sobre su papel en esa malhadada rueda de prensa, en la que maliciosamente sindicó a Pardo del crimen imposible de ser socio de las Farc.

Como aquí todo se olvida, es preciso recordar. En una rueda de prensa de Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras, una periodista de RCN le preguntó al primero si era cierto que había rumores en la Casa de Nariño de que Rafael Pardo andaba en alianzas con las Farc para atacar a Uribe. La pregunta le fue formulada sólo a Juan Manuel, quien “confirmó” la existencia de tales runrunes.

El daño quedó hecho, el Gobierno enlodó a Pardo, como lo ha hecho con otros inocentes, a lo largo de este siniestro régimen que agoniza en medio del estiércol de la guerra sucia que montó. Con lo que no contaban ni Santos ni la periodista, que parecieron estar concertados en la pregunta y su respuesta, fue con la actitud enhiesta de Germán Vargas, que expresó su desacuerdo con la tramoya de que Pardo pudiera estar vinculado con las Farc.

La periodista ya nadie la recuerda, y Juan Manuel consiguió que la Fiscalía también se inhibiera para investigarlo. Lo que no se imaginó jamás el candidato del Gobierno fue que en un debate público, Pardo tuviese el arrojo de confrontarlo. Tal vez por eso, no supo qué responder. Apenas pudo decir que la Fiscalía lo había exonerado y que él había pedido excusas, pero como eso tampoco convenció, le reclamó a Pardo por insistir en ese episodio después de cuatro años.

El tiempo que todo lo cura aún no ha sido suficiente para que Pardo entierre tan gris instante de su vida. Lo comprendo y lo justifico. No fue un chisme menor, sino una acusación alevosa de un poderoso ex ministro vocero del Gobierno, que tuvo la intención de aniquilar a un hombre decente.

De la insólita indignación de Juan Manuel al verse obligado a recordar en vivo y en directo ese pasado negro de su vida pública, deduzco que Uribe y sus alfiles parecen no estar aún conscientes del irreparable daño que les han hecho a sus críticos, pero sobre todo al ejercicio de la política. Lo que hizo Santos esa noche delante de las cámaras de televisión, a la hora de la más alta sintonía, con quien conocía y era su amigo personal, es lo mismo que hemos padecido quienes estamos en la lista negra de los odios de Uribe, la “Casa de Nari”, del torvo procurador Ordóñez Maldonado y el DAS, este último conducido hoy por un paje de Juan Manuel.

Con esos antecedentes de Santos, es imposible suponer que él sea capaz de propiciar la reconciliación entre los colombianos, hoy divididos por cuenta de las actitudes agresivas e intolerantes de Uribe y su banda. Tampoco lo será de sumar a su causa al liberalismo, como lo pretende ese vacilante y oscuro presidente de la Cámara, Édgar Gómez, voltearepas de profesión, quien ahora busca regresar al Partido de la U, pensando en el botín burocrático.

Cuando extenuado del debate —innecesariamente lleno de reglas, explicaciones, balotos, urnas, en vez de dejar en libertad a los periodistas de preguntar lo que quisieran— apagué el televisor, concluí, como muchos otros colombianos, que si Pardo sufrió semejante agresión de Juan Manuel, cuando éste oficiaba de simple aliado del uribismo ¿qué nos pasará al resto de los mortales si se convierte en el sucesor? El problema es que el candidato del régimen produce más miedo que ganas.

Adenda. La contundente entrevista que Félix de Bedout hizo en La W al cardenal Castrillón, dejó al descubierto que el prelado es cínico, arrogante e intolerante. Con esos pastores, se comprende el porqué del desencanto de muchos feligreses con una iglesia que a su manera cohonesta el delito de pedofilia, dizque para cumplir su propia ley.

notasdebuhardilla@hotmail.com
*
Ramiro Bejarano Guzmán