Juana Bautista Angulo Hinestroza

Memoria y Justicia
Han pasado 8 años desde el crimen contra la afronayera JUANA BAUTISTA ANGULO HINESTROZA y el desplazamiento forzado en el Bajo Naya. La impunidad que arropa este crimen ha posibilitado que las amenazas y los riesgos de repetición de los crímenes se mantenga presente.


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El 6 de octubre de 2008 nuestra Comisión dirigió un derecho de petición a la Fiscalía y Procuraduría, solicitando información sobre el estado de las investigaciones penales y disciplinarias relacionadas con el acceso carnal violento, tortura y asesinato de la afrodescendiente JUANA BAUTISTA ANGULO HINESTROZA y el desplazamiento forzado de los pobladores afrodescendientes del Consejo Comunitario del Bajo Naya, municipios de Buenaventura y López de Micay en hechos ocurridos en el mes de abril de 2001.

Las respuestas dadas por la Procuraduría plantean que “no se encontró ningún registro de investigación por esos hechos”. Mientras que la Fiscalía, con fecha del 25 de noviembre del 2008 a través de la Seccional de Guadalajara de Buga, departamento del Valle, informó que: “se logró establecer que sobre los hechos delatados cuya ocurrencia tuvo verificación para el mes de abril del año de 2001, no cursa investigación penal, motivo por el cual se dispuso reparto inmediato ante las Fiscalías Especializadas competentes para asumir su conocimiento”. Posteriormente, en oficio fechado 23 de diciembre del 2008, la misma Fiscalía Seccional de Guadalajara de Buga, departamento del Valle, informó que: “se dio traslado a la Fiscalía Quinta Especializada de esta ciudad, donde cursa la investigación correspondiente radicada al Nº 122244”.

Pasado ocho años, nunca se abrió investigación alguna ni por el crimen de JUANA BAUTISTA ni por el desplazamiento forzado de los afronayeros. Pasados ocho años y a raíz de nuestro derecho de petición se abrió una investigación preliminar, sin que exista nada nuevo que un número de radicado.

Los paramilitares que perpetraron el crimen de JUANA BAUTISTA y provocaron el desplazamiento forzado del bajo Naya, ingresaron a la región desde mediados del mes de junio del año 2000 a través de los municipios de Santander de Quilichao, Timba y Buenos Aires en el departamento del Cauca, por la parte Alta del Naya. En un primer momento se identificaron como “Autodefensas Unidas de Colombia” y luego como “Bloque Calima”, al mando de Ever Veloza, conocido como “Hernán Hernández” o “H.H.” y de Diego Murillo, conocido como “Don Berna”, ambos se acogieron a la Ley 975 de 2005 y fueron extraditados a los Estados Unidos por el delito de narcotráfico entre el 2008 y el presente año.

La incursión paramilitar contó con la anuencia, tolerancia y complicidad de unidades militares adscritas a los Batallón “Pichincha”, al mando del coronel Tony Alberto Vargas Petecua y el Capitán Andrés Zambrano y unidades militares del Batallón Palacé de Buga, ambos pertenecientes a la Tercera Brigada del ejército con sede en Cali. Las unidades militares estaban ubicadas entre Timba y Buenos Aires en el departamento del Cauca en desarrollo de la operación “Dignidad”. Mientras que por la parte baja del Naya hicieron presencia la Armada Naval con tropas de Infantería de Marina, dos compañías de contraguerrillas del BACIM 30, una compañía de Fuerzas Especiales de Cartagena, trasladada para reforzar la operación, la fragata Almirante Padilla, unidades tipo delfín, el ARC Cabo Manglares, elementos de combate fluvial, unidades helicoportadas y el grupo especial de Guardacostas, adscritas a la Brigada 2 de Infantería de Marina de la Fuerza Naval del Pacífico.

Ninguno de los responsables ha sido investigado, la impunidad arropa el crimen contra JUANA BAUTISTA y el desplazamiento forzado del bajo Naya. Ocho años después, la memoria de JUANA BAUTISTA impregna las vidas de los afronayeros y el territorio del bajo Naya. La afirmación de la memoria hace posible la resistencia de sus pobladores para construir mecanismos propios de protección que eviten la repetición del crimen, como la creación de los Espacios de Refugio en 13 caseríos del río Naya que fueron afectados por el desplazamiento forzado hace ocho años y el año anterior fueron nuevamente víctimas de violaciones a los derechos humanos por las mismas estructuras armadas.

Hoy la memoria hace posible la pervivencia como pueblo tribal. La memoria de las esclavitudes y resistencias de hace 329 años y las nuevas esclavitudes generadas por el Estado colombiano a través de la política de “Seguridad Democrática”.

Hace ocho años, en el marco de las celebraciones de la Semana Santa, las comunidades afronayeras de los caseríos Guasdualito, La Concepción y Cascajito, se encontraban congregadas en el templo del caserío La Concepción acompañadas de las Misioneras de la Madre Laura. El jueves santo, las comunidades estuvieron celebrando el lavatorio de los píes y la última cena, desde el sincretismo religioso de sus tradiciones ancestrales de la África y las prácticas cristianas occidentales. La celebración de este día estuvo marcada por el temor de una posible incursión paramilitar, ya que por los medios masivos de información se escucharon las noticias de una masacre en la parte alta del Naya y éste día habían llegado desplazados forzosamente varios indígenas paeces de la parte alta al caserío de la Concepción en búsqueda de refugio.

Al siguiente día, viernes santo del 13 de abril del 2001, las comunidades continuaron su celebración de la Semana Santa y en horas de la tarde se habían congregado en el templo junto con los catequistas y las religiosas para realizar la reflexión del Sermón de las Siete Palabras. En medio del acto litúrgico, aproximadamente a las 5:30 p.m., arribaron al caserío La Concepción, tres hombres “vestidos de civil, nadando y con armas cortas” que se identificaron como integrantes de los grupos paramilitares. Uno de los paramilitares era un ex guerrillero del ELN conocido como “Peligro”. Los armados anunciaron la llegada de más de un centenar de paramilitares que se encontraban en el sitio conocido como “El Saltillo” y exigieron a los pobladores que fueran en embarcaciones a recogerlos y traerlos al caserío. Los pobladores se rehusaron a cumplir la exigencia, pero a pesar de ello, algunos fueron obligados bajo amenazas de muerte a conducir sus embarcaciones hasta “El Saltillo”.

Ya se había suspendido el acto litúrgico con la irrupción paramilitar y después de esto, ya entrada la noche, empezó el desplazamiento forzado de centenares de pobladores hacia los caseríos de la parte baja. Más de un centenar de paramilitares empezaron a llegar al bajo Naya entre la noche del viernes y el sábado, saquearon el comercio, lo que no se comieron o robaron, lo lanzaron al río, descansaron y celebraron la jornada de la muerte realizada en el alto Naya. En medio de amenazas de muerte, los pocos pobladores que no lograron desplazarse, fueron obligados a ser testigos de los actos de los paramilitares.

El sábado Santo 14 de abril del 2001, un grupo de los paramilitares se dirigió hacia caserío de Cascajito y hallaron entre los pocos pobladores a una mujer afronayera, sola, porque su familia se había desplazado desde la noche anterior y ella no se unió a ellos porque no valoró el peligro, sufría de problemas mentales.

Era la afronayera JUANA BAUTISTA ANGULO HINESTROZA, de 45 años de edad, quien a pesar de su retardo mental, fue abordada por los paramilitares, accedida carnalmente de manera violenta, torturada y posteriormente asesinada. JUANA BAUTISTA vivía con sus hermanas en la casa materna, ella se dedicaba a labores agrícolas familiares, la pesca en el río con catanga o nasa, utensilio tejido de paja utilizado como trampa de camarones, lavaba ropa en el río, en batea y se transportaba en su potrillo, embarcación de madera. JUANA BAUTISTA, no siempre sufrió problemas mentales, éstos llegaron años atrás, como secuela de los golpes recibidos por su pareja, quien ya no vivía con ella.

JUANA BAUTISTA durante su juventud salió del río Naya hacia Cali, con deseos de estudiar, ser una profesional y regresar a trabajar en su río Naya, donde nació, donde se crió, donde aprendió a ser una nayera, una afronayera. Pero al llegar a Cali, no todo salió como esperaba, aunque intentó estudiar, tuvo que sacrificar ese anhelo por ponerse a trabajar para sobrevivir en la ciudad. Conoció a un hombre y se enamoró, los primeros meses fue muy cariñoso con ella, pero luego la empezó a golpear, fue tal la agresión física recibida que se generaron dos secuelas en ella. Una fue que no se volvió a enamorar y la otra fue que empezó a padecer problemas mentales que poco a poco la fueron aislando, contando solo con su familia, con sus hermanas. JUANA BAUTISTA llevaba más de 20 años de haber regresado a su río Naya y allí, en medio de su situación, entabló una nueva relación con sus hermanas, con su comunidad en el caserío de Cascajito, con su territorio del Naya.

Pero esa nueva vida que había construido en el Naya, fue truncada por el ultraje paramilitar a su humanidad, a su ser mujer, a su ser afronayera. En JUANA BAUTISTA quedaron grabadas las huellas de la barbarie, de los tratos crueles y degradantes. El ambiente de terror que imperaba en el lugar, no permitió a los pocos habitantes del caserío impedir los hechos violentos realizados contra JUANA BAUTISTA.

Su cuerpo sin vida permaneció dos días a la intemperie, los paramilitares permanecieron en el caserío durante este tiempo e impidieron a los pobladores que se acercaran.

Solo hasta el lunes 16 de abril de 2001, los paramilitares salieron de los caseríos Guasdualito, La Concepción y Cascajito. Se trasladaron hacia los caseríos ubicados río abajo, entre Las Pavas y Dos Quebradas, donde saquearon y destruyeron bienes de los habitantes siguiendo su camino hacia el caserío de San Francisco Naya.

Solo hasta ese día ocho pobladores que se habían desplazado, regresaron al caserío de Casacajito. Uno de ellos halló en la parte trasera de una vivienda un cadáver tapado con hojas y plantas, ubicado a unos 150 metros aproximadamente del lugar de residencia de JUANA BAUTISTA. Llamó a los demás pobladores que lo acompañaban y descubrieron el cuerpo, identificando que se trataba de JUANA BAUTISTA ANGULO HINESTROZA. Los pobladores dieron aviso a las hermanas de JUANA, quienes llegaron al lugar en horas de la tarde.

Los familiares reconocieron el cuerpo sin vida como el de JUANA BAUTISTA. El cadáver presentaba señales de haber sido torturada, hematomas en cuerpo, el cabello estaba cortado y había sido colocado sobre el dorso. Las manos estaban llenas de tierra, las uñas estaban quebradas y llenas de tierra, hierba y rastros de plantas, como si hubiese aruñado el piso tratando de huir a las agresiones. JUANA BAUTISTA se encontraba semidesnuda, con los genitales expuestos y manchas de sangre alrededor de la pelvis. La ropa que portaba, una blusa de tiritas de color azul, estaba recogida en el pecho y los senos expuestos. El pantalón tipo pescador, jean de color azul, estaba bajado hasta las rodillas, sin ropa interior y con señales evidentes de acceso carnal violento.

Además de los signos de tortura y acceso carnal violento, el cadáver de JUANA BAUTISTA presentaba dos impactos de bala de fusil. Una de las heridas estaba localizada en la axila del brazo derecho, cuyo trayecto de la bala destruyó el área del hombro. El segundo impacto se presentó en la cabeza y había destruido la parte superior del cráneo.

Ante la ausencia de una autoridad judicial que realizara el levantamiento del cuerpo, el clima de terror que permanecía en la atmósfera, las hermanas de JUANA BAUTISTA, la trasladaron a su casa, la limpiaron, le cambiaron la ropa y la velaron en compañía de otros pobladores.

El martes 17 de abril, hacia las 10:00 a.m., JUANA BAUTISTA ANGULO HINESTROZA fue sepultada en el cementerio comunitario, ubicado en el sector de Guasdualito.

Mientras JUANA BAUTISTA era sepultada, muchos afrodescendientes continuaron en condición de desplazamiento forzado, de caserío en caserío, huyendo, buscando refugio ante la avanzada de los paramilitares por el bajo Naya.

Hasta el 27 de abril de 2001, los paramilitares permanecieron en el Territorio del Bajo Naya. Este día, fue simulado un combate entre la Infantería de Marina y los paramilitares, según testimonios, mientras los militares disparaban al aire, los paramilitares llegaban a las embarcaciones de la armada, que posteriormente los trasladaron al puerto de Buenaventura, donde algunos fueron presentados como capturados, mientras la mayoría quedaron en libertad.

Los tratos crueles e inhumanos de los que fue víctima JUANA BAUTISTA, son una afrenta a su familia y comunidad afronayera, al territorio habitado por ella. Para los afronayeros el crimen de JUANA BAUTISTA es tan grave como la masacre ocurrida en el alto Naya, los días anteriores. Tiene para los nayeros igual de gravedad el crimen de decenas o cientos como el de una persona, más aún cuando ésta es una mujer y sobre ella recae la burla, la violencia sexual. El que hubiese sido JUANA BAUTISTA fue una casualidad, pudo haber sido cualquier otra mujer de su comunidad. Repercute aún mayor indignación, cuando el crimen es cometido contra una mujer en estado de indefensión, de vulnerabilidad por su estado mental. Ser mujer, padecer problemas mentales.

Para los afronayeros, JUANA BAUTISTA significa una expresión de la territorialidad, con su crimen se afrenta a la vida conexa al Territorio del Naya. Una afronayera es la fertilidad del territorio, es la memoria de años de esclavitud que lograron la libertad a través del vientre de mujer, en la Ley de manumisión. La mujer parió hombres y mujeres libres que empezaron a habitar el Territorio del Naya. En la voz de la mujer, en su canto, en el arrullo o en el alabao, habla la ancestralidad, la tradición, la libertad. Una afronayera es la que ha liderado la defensa del territorio, en las mujeres del Naya se encarnan años de resistencia y lucha por el reconocimiento legal de la propiedad ancestral.

El crimen contra JUANA BAUTISTA indigna a los afronayeros porque desde su cosmovisión lo perciben como la respuesta recibida por el Estado a su solicitud de reconocimiento legal de la propiedad, a través de la Titulación Colectiva. La territorialidad, el territorio del Naya ha sido violentado a través del crimen de JUANA BAUTISTA y el desplazamiento forzado de las comunidades tribales nayeras.


Bogotá, D.C Abril 14 de 2009

Comisión Intereclesial de Justicia y Paz

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