Jose Eduardo Umaña Mendoza

Abogado de Derechos de los Pueblos
18 de abril de 1998-18 de abril de 2006

Memoria y Justicia
8 años de impunidad

“Los Derechos de los Pueblos, los Derechos humanos son una lucha de soledades que se encuentran”
José Eduardo Umaña Mendoza

Eduardo fue asesinado en Bogotá el 18 de abril de 1998 , después del medio día.
Sus victimarios querían que los acompañara, él había dicho meses atrás, en medio amenazas persistentes, “si vienen por mi, yo no me voy a dejar llevar… voy a estar aquí, voy a resistir, no me voy a doblegar”.

José Eduardo Umaña Mendoza había informado a personas de confianza dentro de la fiscalía que había un grupo de personas que estaba organizando su asesinato, entre los que se encontraban miembros de la brigada XX, del CTI y de los servicios de seguridad de ECOPETROL [[Tomado del Informe Sobre la Situación de Abogados en Colombia, presentado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos el 14 de octubre del 2003 por ACADEUM , ASF-FRANCIA, CCAJAR, CCJ, CPDHH , MINGA, CSPP, CORPORACION SEMBRAR, JUSTICIA Y PAZ]]

Dos hombres y una mujer haciéndose pasar por periodistas entraron en su oficina tras encerrar a su secretaria en un cuarto. Ante la negativa de irse con sus victimarios, le dispararon. La primera orientación de la investigación permitió evidenciar el papel desempeñado por los miembros de las fuerzas armadas y del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía. Cuando parecía que las pistas se precisaban en este sentido, fueron interrumpidas tras un “testimonio espontáneo” de un detenido de la prisión de Guaduas que pretendió conocer los asesinos de José Eduardo Umaña Mendoza.

“A pesar de los signos obvios de desequilibrio mental de este “testigo”, la investigación se orientó exclusivamente en esta dirección y se terminó llamando a juicio a 5 acusados, basándose en cargos sumamente frágiles, a pesar del hecho que uno de ellos vivía en España en el momento de los hechos, lo cual aparece claramente en el expediente. Una motivación muy severa para la fiscalía ha llevado al Tribunal a absolver a los 5 acusados la fiscalía ha aceptado esta decisión sin apelación.

El caso permanece abierto en la Unidad de Derechos Humanos en Bogotá sin que ninguna diligencia haya llegado a ningún resultado significativo. La maniobra realizada para desviar la atención y tratar de condenar a víctimas propiciatorias no ha permitido proseguir investigaciones serias en la búsqueda de los autores intelectuales de este asesinato”.

El intento de varias personas cercanas a la vida de Eduardo, de ser parte civil en el proceso no fue aceptado por la Fiscalía General de la Nación.

Este crimen de Estado sigue en la impunidad pero el sentido de la vida, la presencia de Eduardo hoy sigue animando las aspiraciones, en medio de las soledades, de los excluidos, de los pueblos.

Adjuntamos el texto escrito por uno de los amigos de Eduardo, un relato desde las entrañas.

Bogotá, D.C Abril 18 de 2006

COMISION INTERECLESIAL DE JUSTICIA Y PAZ


“Eduardo, y más fuerzas de la vida”

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Foto de libertad, de los compañeros de Telecom detenidos por el falso delito de Terrorismo

Corre mucha sangre, de los pobres de la tierra.
Allá donde las montañas son más altas, y los ríos más largos y caudalosos.
Mejor no hablar de sus aguas. No hoy.
Quizá mañana sí debamos seguir relatando en detalles el manto horroroso, de cuerpos desmembrados por los poderosos, dueños del orden inmundo.
Los que están venciendo, otra vez.
No sé si se deberá hacer en tribunas, en tribunales, o mejor en trincheras donde quepan escuelas y bibliotecas populares, como era tu deseo, tu visión y tu (sub)versión.
Tan brillante como tu capacidad para generar indignación, o vergüenzas, lo cual no era un problema metodológico, caemos en la cuenta, sino la única razón de fondo en el encuentro de sentires y pensamientos, para que a partir de ahí el espíritu creciera libre.
La libertad de no renunciar ante el enemigo.
Ni frente a nuestras contradicciones.
Hoy mejor hablar de las rosas rojas, Eduardo.
Pero corre sangre aguada.
Y como acá, también en Colombia corre mucha tinta, tantas veces inútil, o páginas abarrotadas de letras.
De palabras promiscuas en el espacio, mensajes temporales en estos lares, donde terminan cordilleras sumergidas, habitadas por cumbres y sus nombres, que imaginamos cruzan bajo un mismo océano, inmenso de recuerdos y dolor que no cesa.
Hasta este día, tras siete años.
Tras ocho, después de veinte…
De veintiún, de habernos sentado, maestro y alumnos, abogado y aspirantes, caminante y andantes, soñador y soñadores.
Compañero y compañero, a ver más allá de unas ventanas y de unos cuadernos.
Una mesa en el centro de Bogotá.
Sencilla oficina de juristas defensores de rebeldes, de aquella época, en letargo.
Acompañantes también de madres de desaparecidos, de asesinados, de torturadas.
Antes de que los papeles de los derechos humanos se convirtieran en billetes.
Convocados. A mirar más allá de los cerros de la capital, y en sus barrios, su lodo y su bullicio gris, entre bregas y rejas. Atravesando los puentes hacia Bolívar, Marx y Camilo, hacia la historia, de campos y abrazos (in)surgiendo.
Lugar de la revuelta íntima y colectiva, ejemplo donde aprendimos a mirarte.
Haciendo tú las coherencias fuertes, a tejerlas para apostar, pese a las traiciones.
Sin pesar de los tiempos nuevos. Más bien precursor de las preguntas que todavía no se resuelven.
Siete años que tu lucha un sábado, abril dieciocho, trascendió a la vida, no sólo por tu muerte, sino por su fundamento.
Que significa principio, prueba, trama y cimiento.
Corre tinta roja, y negra, banderas, puños, puñados de dignidad que amasaste y amaste, Maestro.

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A José Eduardo Umaña Mendoza,
Y también a su querida familia, a Patricia, Camilo, Chely, Eduardo, Diana, Germán…

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Hace seis años quisimos en Madrid hacer un homenaje modesto. En el Colegio de Abogados. Las siguientes eran reflexiones que hoy no altero, ni una palabra, aunque quisiera, para reforzarlas y glosar la tristeza que sonríe a la esperanza, sin dejar el grito como fue dicho, sin exponerlo a cambio de una sensatez hipotecada, arrepentida y reconciliada.

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(1999)
Traigo unas notas sobre la interpelación que fue, es y será Eduardo Umaña Mendoza.

Quiero en primer lugar referirme a la presencia de su pensamiento, es decir a su obra, porque los impulsos de días y años como ideas maduradas y conciencia florecida fueron acciones con sentido, que conectaban la realidad, que la sacudían, interfiriendo El con pasión en las versiones oficiales; las contradecía, para ser, como lo fue, voz de muchos, de miles en diferentes escenarios de la vida de un país expoliado, en la miseria, con un futuro negado, que halló bello en los ojos y las manos de lo que Eduardo Umaña nombraba auténticamente como Pueblo, “nuestro Pueblo” decía, ese sujeto que encontraba encarnado por ejemplo en los trabajadores, en los sectores que se abrazaban en el concepto de las clases populares, como Camilo Torres, su pariente y amigo, o su padre, el Maestro Eduardo Umaña Luna, lo enseñaron en una práxis volcánica, que giró en torno al honesto reconocimiento de los orígenes de la violencia política en esa violencia estructural, histórica. Por eso el compromiso de Eduardo se ancló llamando a las cosas por su nombre, hasta el final. Su exposición coherente daba cuenta de la dependencia, del imperialismo, de las elites o la oligarquía y de sus voraces estrategias. Por eso su acompañamiento y desarrollo no se vinculó con opresores, sino desde muy joven al lado de los otros, comenzando en los espacios políticos y de una Universidad en ese entonces crítica, en los sesenta, con una cierta inserción en el devenir transformador.

Antes de mencionar los setenta, debe recordarse su comprensión integral de los derechos humanos como derechos de los pueblos a una vida digna, como el derecho a la libertad, a la liberación, a construir patrias y matrias en las que no muera la gente de hambre, sino de vieja, en condiciones decentes, humanas. Y que debían defenderse esos humanos derechos como El consideraba debía defenderse, abogando, defendiendo, a quienes abrían el campo histórico para su auténtica vigencia, a los que eran perseguidos y castigados por su lucha, a los presos políticos que abogaban y actuaban por romper la opresión, la antidemocracia. Por eso se formó como su padre, como el más esclarecido defensor de los rebeldes en esa década, como en los ochenta y hasta el día de su muerte. Y por esa misma razón, para ir tras la verdad, tras la justicia, tras la denuncia del terrorismo de Estado y la reconstrucción de los sueños, asumió representar como abogado y portavoz -y lo fue siempre brillantemente- a las madres de los desaparecidos, de los torturados; a las organizaciones de los día a día asesinados o masacrados; campesinos, obreros, sindicalistas, activistas, dirigentes políticos y sociales.

Así pasó hace 25 años a fundar y potenciar la defensa de los derechos humanos a través de asociaciones de profesionales, de víctimas de la guerra sucia. Analizaba el país, su política, su economía; se había formado en la Sociología, en la Administración, en el Derecho, para estudiar como profesor en su cátedra en varias universidades la sucesión de instituciones y procesos. Sin hacer más nudos y sin ingenuidad iba al núcleo de la aplicación del Derecho y su dirección política en estructuras de injusticia social: “la ley es como un abanico; se puede cerrar, o abrir apenas un poco, o desplegarlo totalmente, a condición de que no se rompa” . [[El papel de los abogados frente al fenómeno de las Desapariciones Forzadas en Colombia. Bogotá, diciembre de 1986, pág. 9. Ponencia en el Primer Coloquio Internacional sobre]]

Y la confrontaba como un jurista que está al servicio de la vida, y no ciegamente al servicio de la ley en una nación policlasista, sometida, optando él por los Derechos de los Pueblos, por la lucha anti-imperialista, por los Derechos Humanos “para los de abajo” [[Fue en este carril de un pensamiento de emancipación en el que situó su quehacer, en Consejos Verbales de Guerra o bajo otras formas defendiendo a centenares de presos políticos, guerrilleros o no guerrilleros; en cientos y cientos de conferencias en universidades, colegios, centros populares, foros internacionales. Fundó con otros destacados defensores de derechos humanos la Sección Colombia de la Liga Internacional por los Derechos y la Liberación de los Pueblos, siendo también su paradigma el humanismo social: los derechos humanos en el cumplimiento de los Derechos de los Pueblos (Declaración de Argel del 4 de julio de 1976).
]]

Horas de trabajo intenso en su oficina, de enfrentar enérgicamente funcionarios de la ignominia e inteligentemente causas en los estrados, cuando había posibilidad de conocer rostros y más rastros de los victimarios, antes de que optaran por encubrirse en el paramilitarismo, en los “sin rostro” y la degradación del conflicto.

Estaba Eduardo Umaña visitando a los presos; en reuniones con los familiares de las víctimas, de los desaparecidos del Palacio de Justicia por ejemplo, o de los hombres y mujeres que asesoraba, detenidos, agredidos, objeto de persecución, piezas y tejidos de organización social que él apoyaba, resistencia en la que creía sin pecar de iluso, venciendo con su experiencia al optimismo de moda, al febril grito y a la mirada corta e individualista de algunos que posaban a veces como baratos protagonistas. Sin dejarse llevar por coyunturas su convicción profunda la tradujo y planteó al lenguaje de la política inmediata con unas tesis sobre un programa mínimo (lideró entre 1990 y 1992 un pequeño núcleo político: Movimiento Vida y Dignidad, con activistas sociales), dialogando desde la realidad de su entorno con la autoridad moral que le dio trabajar siempre del lado de la esperanza y la transparencia para un Pueblo, lo que no ocultó en los ámbitos formales o convencionales que no obstante usó, como cuando acudía a las Naciones Unidas, por ejemplo, para acusar al Estado colombiano y su práctica de muerte e impunidad, sin dejarse perder en la frialdad de la letra de códigos escritos por poderosos, y tampoco, nunca, se puso en venta ni en moldes. Fue claro para los que en él buscaron luces y convocó para andar en la noche, en la niebla, con el riesgo de perecer con la cabeza en alto. Contradictoriamente es lo que ha movido a la humanización de la vida. Y él se movía todos los días. Terminó diciendo: “Seguiré hasta que me dejen. Porque yo sé que si la vida no se entrega por algo, uno acaba dándola por nada” . [[Fragmentos de un diálogo con Umaña. Frente al cadalzo (veinte días antes de ser asesinado). En Revista Alternativa, No. 19, Mayo-Junio 1998, Bogotá, pág. 21.]]

guerras de baja intensidad y se protegieron en mecanismos de impunidad como el fuero penal militar [[Tribunal Permanente de los Pueblos. Proceso a la impunidad de crímenes de lesa humanidad en América Latina. Sesión de Instrucción en Colombia. Noviembre 4 a 6 de 1989. Eduardo Umaña actuó en ese momento como portavoz de la acusación contra el Estado colombiano. Se desempeñó en ese proceso como Fiscal y sería luego nombrado Juez del Tribunal para otros casos. Ver por ejemplo: Sentencia sobre La Conquista de América y el Derecho Internacional. Sesión especial. Padua – Venecia 5-9 de octubre de 1992. Eduardo Umaña fue también miembro del Comité Ejecutivo de la Organización Mundial contra la Tortura.]]señalando Eduardo la responsabilidad del gobierno de los Estados Unidos en el crimen institucionalizado y el origen de los grupos paramilitares . [[Ver su serie: Informe Analítico de la Situación de Derechos Humanos en Colombia, Corporación Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo”, sobre este tema el correspondiente a julio-diciembre de 1988. Bogotá, págs. 229 y 230.]] . Impugnó un orden de ideas y necesidades del poder político, de su brutal ejercicio de la fuerza acabando el sistema como sea con el llamado “enemigo interno” para la defensa del statu quo . [[Véase su ponencia MECANISMOS INSTITUCIONALES DE IMPUNIDAD, en PROCESO A LA IMPUNIDAD DE CRÍMENES DE LESA HUMANIDAD EN AMÉRICA LATINA. Tribunal Permanente de los Pueblos. Edit. Liga Internacional por los Derechos y la Liberación de los Pueblos. Sección colombiana. Bogotá, junio de 1991, pág. 375 y ss.]]Eduardo alimentó su conocimiento, que desdoblaba en horas de conversación, de clase o en exposiciones en seminarios regulares como un gran educador que era, leyendo y releyendo expedientes, cuadernos y libros, enseñando ante todo con su ejemplo, y creció en el diálogo de saberes, intercambiando desde la tragedia y la tristeza, pues vio caer también a miles de compañeros y amigos, sufrió por ello con otros. Aconsejó a desplazados internos refiriéndose a las estrategias tras el éxodo, al tener que abandonar el “terruño”, igual que a refugiados (fue asesor jurídico de la oficina del ACNUR), y ayudó a que muchos salvaran sus vidas saliendo del país.

Hubo desconcierto, respuestas duras y rabia al comprobar incoherencias, traiciones y falsedades, y por ello estableció distancias y cuestionamientos. Personalmente creo: antes que afectar a algunas ONG de derechos humanos, su asesinato conmovió más allá de ellas y de algunos que en su oportunidad diluyeron lealtades y no podían tenerlo al frente; las huellas y consecuencias de su desaparición física y de no contar ahora con su valiente y alta opinión, hieren de verdad a quienes Eduardo se entregó en una fuerte lucha en esta década de grises y sombras, alentando para confrontar, por ejemplo, el aparato penal articulado como otro motor en el terrorismo de Estado, herramienta de represión que seguramente está en el círculo que decidió su asesinato, porque Eduardo Umaña como ningún otro jurista demostró la complementariedad de la “justicia sin rostro, sin rostro de Justicia [[A LOS TRABAJADORES DEL MUNDO! Represión a los trabajadores de la USO… (cfr. Bogotá, 27 de febrero de 1998), con este título denunció el caso U.S.O. (Unión Sindical Obrera) y cómo se estaba planeando su asesinato por diferentes instancias (pág. 20) comprometidas en esa guerra sucia, donde prevalece la apariencia jurídica o de legalidad. Cfr. Revista Alternativa, cit. (págs. 18 a 21), entre muchos otros documentos, o para el caso Telecom: La lucha contra la privatización de las telecomunicaciones en Colombia. Estado actual de los procesos judiciales contra los trabajadores. Entrevista con Eduardo Umaña. En Boletín Alerta a la Apertura, No. 15, mayo de 1997, ILSA, Bogotá, págs. 11 y 12.]]incluso minutos antes de ser asesinado y habiendo denunciado él de ese evento a funcionarios de esa “justicia” , [[Ibid]] que sea derogada “totalmente la justicia sin rostro” . [[A LOS TRABAJADORES DEL MUNDO!…, cit., pág. 21, entre muchos otros textos donde se mantuvo crítico frente a su utilización.]]” . Hoy algunas ONG y por ahí algunos comodines respaldan unidades o partes de su estructura, admiten graves matices con letales alcances y se ubican como fin en sí mismos. En esa apreciación fue contundente, como radical al denunciar la corrupción, a los mercenarios ideológicos, como él los llamó, que actúan por ejemplo como testigos sin rostro, a los reinsertados en ese papel; no consintió la mediocridad; tampoco le pedía “peras al olmo”.

Estuvo una y otra vez analizando los anuncios y los discursos, las medidas y los cientos de normas; cómo se perfeccionaba un lenguaje, un discurso, en torno a la exculpación del Estado colombiano y a las clases y el imperio que lo manejan, y de eso se separó, volviendo a lo que nunca dejó de valorar sobre el panorama de los derechos de los humanos y de los derechos de los pueblos, recordando entre otras miles de citas que constituyeron un pensamiento sólido, el Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y por eso expresó sobre principios que hay “un cierto acumulado cualitativamente representativo de lo más alto que ha conquistado la humanidad”, y que entre esos derechos, o ese derecho, “que puede pasar a ser positivo, o sea un derecho escrito, sentado en textos, están consideraciones sobre el trato humanitario, sobre la dignidad del ser humano merecedora de respeto, a pesar de las guerras, en medio de ellas, aunque éstas sean en sí dolorosas y trágicas, como quizá necesarias en determinadas condiciones”; que uno de esos pilares, “sobre los cuales se desarrollan tensiones mayores, ha tenido que ver con el reconocimiento de uno de los más sagrados derechos de los pueblos: el derecho a la rebelión” .[[Entre la degradación y la regulación de la guerra. En Memorias de la Asamblea por la Paz. Oficina del Alto Comisionado para la Paz, de la Presidencia de la República, Empresa Colombiana de Petróleos y Unión Sindical Obrera, agosto de 1996, Santafé de Bogotá (1, en adelante), pág. 82. Aparece también publicada esta ponencia en la Revista de Derechos Humanos, JUSTICIA Y PAZ, (2, en adelante) de la Comisión Intercongregacional (hoy, 2005, Intereclesial) de Justicia y Paz, Abril-Junio de 1998, No. 8, Bogotá, pág. 66.]]
“Para que sea ejercido en beneficio de los pueblos, para lograr estructuras de justicia social. Y ese derecho, al que se refirieron tanto pensadores de la Iglesia, del Cristianismo, como Tomás de Aquino, o filósofos del liberalismo, supone al tiempo inmensas y cruciales responsabilidades. Porque no se puede ejercer la fuerza de cualquier manera, porque la guerra también tiene límites… obligaciones que podríamos pensar en dos sentidos: no hacer lo que no es necesario y lo que además está prohibido en el derecho internacional, y hacer lo que en esa normatividad es permitido y que corresponde hacer en el contexto de los antagonismos” .[[De la nota anterior, (1; pág. 82), (2; 66).]]

Y se preguntaba: “¿Cómo se obliga a una institucionalidad que crea estructuras paramilitares, que profundiza la impunidad de crímenes de lesa humanidad, que desplaza a miles de familias y comunidades, que victimiza a opositores políticos, que enseña en los manuales militares a odiarlos y motiva a exterminarlos? “. [[Citaba el texto CONOZCAMOS A NUESTRO ENEMIGO, editado por la Escuela Militar de Cadetes General José María Córdova, Oficina de Relaciones Públicas, Editorial Blanco, 1ª edición, diciembre de 1985. (1; 85), (2; 70).]] “Lo único que está al alcance del Estado, de sus fuerzas armadas o de sus estructuras paramilitares, es la degradación, intencional, de la guerra, en cuyo contexto la guerrilla se mantiene actuando cometiendo también atropellos, incurriendo en serias arbitrariedades” . [[Ibid, (1 ; 87), (2 ; 71).]]

Y agregaba Eduardo Umaña al lado del requerimiento para que se desmonten los grupos paramilitares y la “justicia sin rostro”, para que se salve a la niñez del horror de la guerra, por ejemplo, que “se precisa que las organizaciones guerrilleras den a conocer sus códigos, normas sustantivas, procedimientos y tribunales bajo los cuales actúan o establecen relación con las comunidades en el contexto del enfrentamiento armado a fin de que constituyan un referente público sobre el cual se pronuncien terceros veedores y por supuesto la población” . [[Ibid, (1; 87-88), (2; 74-75)]]Eduardo no podía aprobar el dolor, más dolor para los más pobres y abogó por humanizar la guerra, por recomponer el conflicto.

Días antes de morir escribió: “Negar la necesidad de la Paz es ubicarse en una posición absurda que ningún honor hace a mente alguna. El problema no es hablar del beneficio de la paz. No es apoyar unos planes plenos de promesas pero sin asidero alguno en la escueta realidad Socio-Económica del país… Hoy: mucho discurso y ajena la acción real de nuestro problema vital: la miseria económica de la mayor parte de Colombia (…) Hablar de paz sin Democracia Real y Justicia Social es una entelequia. Como lógica consecuencia cualquier planteamiento que no asuma el problema real no pasa de ser una gran mentira” .[[¿Hacia la Paz?, en Voz Posadista, marzo de 1998, Bogotá, pág. 4.]]

Concluyó José Eduardo Umaña Mendoza: “Se hace necesario por lo menos hablar de la humanización de la guerra, para que la paz de mentiras se derrumbe, para superar esta pantomima de sobrevivencia cómplice y pueda hablarse con dignidad, con la voz y las manos de todos, de la humanización de la vida” .[[Entre la degradación y la regulación de la guerra (1; 90), (2; 77).]]

Eduardo Galeano, amigo de Eduardo, escribió alguna vez que “somos lo que hacemos y sobre todo lo que hacemos para cambiar lo que somos”. Umaña Mendoza hizo hasta sus 51 años lo que realizó una opción ética de amor a la humanidad, que verbalizó y talló día a día, hora a hora, no sin vacíos y defectos, hasta cuando negó irse de la mano del terror y el chantaje -no quería ser un desaparecido- y cumplió como pocos seres humanos lo hacen hoy (Alguna vez hablamos, Maestro, de que esos hombres como Camilo, como Guevara, como tantos que conoció, “no se encuentran a la vuelta de la esquina”. Por esa razón, con su eliminación se fueron tantas fuerzas no fácilmente recuperables de nuestro Pueblo, y nos da también por lo mismo rabia que se haya dejado matar si es que le cabe a Usted alguna culpa. Seguramente es responsable de mucha alegría en nuestros corazones y de ganas de seguir tras la dignidad que logra su lección de lucha). Temas como la paz, la guerra, la impunidad, salen a borbotones de bocas-cuerpos-mentes que reposan en la tibieza del decir sin hacer, o del hacer-decir funcional en la dialéctica guerra-paz conveniente para “los de arriba”. Usted hace muchísima falta. Ya no somos los mismos.

Ya debo terminar. Hay límites, en el espacio, en el tiempo, aunque siempre hay abrazos más allá de los muros. Nos hace falta su abrazo, como el de los comunes puentes con la utopía -Victoria, Pedrito, Felipe, entre tantos- que encontró allá en la tierra. Nosotros seguimos sin habitar plenamente humanos en ella, y la destruimos. Cuando comencé este recuerdo pensé en dos líneas. Una, la presencia de su pensamiento. Y en segundo lugar: la ausencia de su sonrisa, de sus palabras con su mirada. Para manifestar que lo primero está ahí, para todos, como patrimonio dejado un poco en trozos pero íntegro; que habrá que rehacer las correspondencias hondas entre ese decir y ese obrar abogando por lo humano. Y que lo segundo fue algo vivido como legado para los cercanos, para un puñado, y que en tanto se forjaba en el encuentro, cómo hacer ahora?, si hoy Usted no está, como estuvo con nosotros, grabando vivo con su cincel, cantando, bailando, riéndose, reflexionando, compartiendo un cigarrillo o un trago, caminando, amando en vida. Termino diciendo que esto también está presente, en la memoria, y se convierte en una espiral de amargura y felicidad; que se deberá continuar trabajando con orgullo -quizá habrá quienes-, como destello suyo y de otros luchadores hermanos para que se superen los enunciados.

Hace un año (hace siete, ente el féretro, el día 20 de abril), en la Plaza Ché en la Universidad Nacional, con su familia tan depositaria y tan fuente de su amor, Javier Giraldo lo despidió afirmando: “Creer en un profeta derrotado y creerlo vencedor, no por ingenuidad o autoengaño consolador, sino porque ha sido posible, en algún momento, asomarse a los valores últimos y absolutos de la existencia y de la historia, y hacer, desde allí, una apuesta existencial (…) muy honda, en cuya lógica, aquellos que arrastran en su muerte ciertos rehenes, arrebatados a los valores más hondos del sentido, son vencedores indiscutibles en su misma muerte (…) no podemos ocultarnos que el camino restante será más duro recorrerlo sin ti… Tu memoria será imprescindible en el momento de construir un mundo sin esclavitudes”.

Eduardo, gracias por todo. Otro abrazo de nosotros.

(Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, 20 de abril de 1999. Acto organizado por la Asociación Libre de Abogados, ALA, y Amnistía Internacional de España).

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(2001)
A los tres años.
En Madrid, en el Ateneo, creo que el 19 de abril de 2001.

Eduardo, hoy te queremos dejar esta mesa, una silla, un cenicero y unos metros para que vivan tus pasos y tu estatura… En junio de 1987 Eduardo Umaña Mendoza realizó una intensa actividad de sensibilización y denuncia en Europa sobre la situación de violación sistemática a los derechos humanos en Colombia. Sus análisis se escucharon en numerosos recintos; fueron muchos sus auditorios, y diversos los frutos de ese trabajo. Uno, poner de relieve algo que estaba escondido: la estructuración de los grupos paramilitares, la responsabilidad del Estado y el terrorismo que las clases dominantes imponen como lógica de supuesta solución a través de la barbarie, salida de sangre a lo que han sido incapaces de resolver. La muerte como respuesta frente a los problemas del país. Puso en conocimiento de diferentes públicos, cómo estaba dada una legislación de guerra en tiempos de paz aparente. Las mismas normas que hoy se reeditan y que posibilitaban entonces la acción de juntas de autodefensa que al cabo de los años se nos presentan con siglas confeccionadas en los batallones y en los medios de comunicación que se han puesto como altavoces de sus gritos de guerra sucia.

En una ficha de los organismos de inteligencia se observa el seguimiento que desde muy joven (1966) se le hizo a Eduardo, hasta matarlo. De él se dijo, a la par de sus estudios de Filosofía, de Derecho, entre muchas líneas y sentencias, que era “agitador estudiantil del movimiento CAMILISTA P.C.C. y J.C.C. modus operandi agitación y saboteo”; que “integra el movimiento camilista frente unido… (1968) fue organizador de la marcha a pie de la Universidad a la plaza de Bolívar…(que) integra organización FES frente de estudios sociales organismo de fachada de partido comunista, para llevar campañas de agitación… (1969) es uno de los encargados de dirigir saboteo estudiantil por la llegada al País del señor Rockefeller (…) (1971) miembro de la red urbana de apoyo al ELN… (…) (1978) hijo del líder comunista de la Línea Pekín, Eduardo Umaña Luna, profesor Universitario izquierdista (…) Se transcribió textualmente las anotaciones registradas en las tarjetas de los señores Carlos Reyes Niño y Jose Eduardo Umaña Mendoza, las cuales reposan en los archivos del Grupo de Inteligencia de…”. Quien firma esta ficha, entre muchas otras, es un alto mando, quien participó en las torturas a Reyes Niño en 1977. Reyes Niño fue ejecutado con otro comandante del ELN en las calles de Bogotá el 28 de marzo de 1995.

Queremos hoy recordar a Eduardo como en otras ocasiones, no sólo a partir de sus palabras, sino de lo que hizo. Así, cuando sin ceder un milímetro en lo irrenunciable, dijo qué estaba pasando en Colombia con la acción de los paramilitares como recurso del terrorismo de Estado y del Establecimiento; sin consultar o sopesar tras masacres o asesinatos si la denuncia a fondo gustaba o no a algunas agencias de financiación de Ongs o fundaciones que piensan primero cómo apagar insumisiones y domesticar bajo el ala de sus egoístas términos; sin escuchar sórdidos y escabrosos argumentillos de conversos aliados con la podredumbre del poder; sin pagar por interpretar con ardor la verdad de un pueblo sufriente; sin desdecirse de la defensa de los presos políticos y del derecho a la rebelión, como lo hizo en su brillante trayectoria profesional, académica y vital como luchador social. Contando al mundo de los humanos cómo el engendro del paramilitarismo y la impunidad, estaba siendo extendido a lo largo y ancho del país, como hoy está; y que no había ninguna justicia posible nacida de los verdugos para perseguirse ellos mismos, a salvo la pantomima de los responsables materiales de tantos crímenes y dolor, y sobre todo el cinismo de sus beneficiarios y benefactores.

A su compromiso por los derechos humanos unió las soledades de los derechos de los pueblos a su autodeterminación y liberación, señalando los intereses de imperialistas y siervos, así como elevó un pensamiento sobre las luchas sociales dentro del legado de ideas de emancipación que cultivó con cerebro, corazón y abrazos, por que las asumió desde sus amores primeros hasta su último segundo de humano y humanista.

Cuando hoy se negocia por algunos en la rutina de los discursos y sus cálculos, a espaldas de la cruda realidad que nos recuerda que nada de ese salvajismo contra nuestro pueblo ha cambiado para bien; cuando se trafica con los padecimientos de miles, con los derechos humanos imposibles de hacerse vigentes en estructuras de opresión, gran falta nos hace recordarle como ser insobornable, que demostró la inmensa corrupción de un sistema, el que en fichas y amenazas lo fue declarando su enemigo, como con otros miles de forjadores y forjadoras de esto que hoy queda entre los dedos, escasos hilos de agua que tenemos como posibilidad de matria y patria. Haces mucha falta, para esclarecer que la defensa de los derechos humanos implica cavar la tumba de los privilegios inhumanos, como lo enseñaste.

Lo comprendemos, pero hacen falta inmensa sus reflexiones abiertas. Las tenemos como constancias, citas de textos y pretextos de tu encuentro, algunas escritas, grabadas, archivadas en rincones de memorias dispersas, la memoria de la Unidad, que nos hace falta recuperar, como la auténtica que tenemos con tu testimonio, de tu voz y fuerza material, batalla después de la vida, inolvidable hasta ese sábado oscuro de abril dieciocho cuando te asesinaron un segundo; resistencia del ejemplo de lo que ellos quisieron moldear por el chantaje hasta la derrota, y no pudieron. Es la fuente para saber que aunque unos sicarios tengan el arma con la que te cegaron la vida, Eduardo, como hace poco lo dijeron, mucho más arriba, en brigadas y escritorios civiles, se alistaron las fichas desde las que te veían crecer, y las órdenes para no tolerarte un minuto más en su mundo de nieblas, miedo y mezquindad.

Hacerte un homenaje no puede ser sin imaginar con fundamento qué dirías; que actitud tomarías en la fraterna e inteligente entrega de quien sospecha y espera de los actos, aunque al final hayas abandonado un momento esa trinchera, para quedarte solo y decidir dejarnos un tanto, enormemente, solos; qué puntos de una mirada siempre limpia y resuelta trazarías con sonrisa y seriedad. Al hablar hoy de los planes que fumigan los de arriba y los del norte; de la explotación que no cesa; de la justicia verdadera que no llega; del terruño dejado con llanto causado por las balas asesinas; de que la paz sólo es la lucha de un pueblo por la libertad y su dignidad.

Te queremos y recordamos, te volvemos a pensar y nos martilla en la cabeza y el costado tu ausencia, para unos aquí y allá que quisiéramos reconstruir los rostros de la esperanza, contigo. Enseñaste que los derechos humanos y de los pueblos se defienden si se luchan.

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Siete años, y corre más sangre.
Y por hoy de mi parte no más tinta.
Lo que está visto.
Hoy nos hablarías del tirano, del régimen, de las inquietudes,
de estar siempre alerta, primero y al final con las propias dialécticas, casadas con las del enemigo.
Para no ser como ellos, ni su botín.
Falta mirar las bregas y los frutos, la alegría que nos dejaste, dibujada también con poesía de madrugada, despertando.
Lejos y cerca de la tierra común, sin olvido.

18 de abril de 2005…”