ELN: ¡Bienvenidos!

En medio de la gran incertidumbre en la cual están los acuerdos con las Farc, el inicio de la fase pública del diálogo con el Eln programada para esta semana en Quito es muy bienvenido.


Justo cuando muchos daban por hecho que se quedarían por fuera, los elenos hicieron una lectura correcta del momento, escuchando el mensaje unánime de las grandes movilizaciones post-plebiscito de rechazo contundente a la continuación de la guerra.

Lo primero que hay que decir es que el Eln no son las Farc Aunque tienen raíces compartidas (tanto Manuel Marulanda como Rafael Rangel fueron gaitanistas) y ambas guerrillas se fundaron en1964 con sólo cinco semanas de diferencia, desde ese entonces sus historias e identidades han sido muy distintas y no pocas veces antagónicas.

Mientras las Farc nacen de las resistencias campesinas, el Eln es hijo de universitarios inspirados por la revolución cubana, sindicalistas formados en la lucha por el petróleo y curas de la teología de la liberación. Fueron pioneros en hablar del DIH y durante años plantearon “humanizar la guerra”, cuando los sucesivos gobiernos colombianos se rehusaban, hasta 1994, a ratificar el protocolo II de los Convenios de Ginebra. Han insistido, desde los 90, en una negociación diferente al modelo bilateral de las FARC en la cual la sociedad, especialmente los sectores populares históricamente excluidos, debe jugar un rol protagónico.

Por ello es apropiado que los dos primeros puntos a ser abordados en Quito sean precisamente lo humanitario y la participación de la sociedad. En lo primero, ojalá se logren acuerdos no solo sobre el tema espinoso del secuestro/retenciones sino también acerca de minas antipersona, menores y otros que afectan a la población civil.

En cuanto a la participación de la sociedad, constituye un punto grueso. Colombia tiene un profundo déficit en materia de participación, pese a lo establecido en la Constitución de 1991. Los últimos años han visto un renacer de la movilización social, más significativamente en lo agrario, que ha producido unas agendas y unas mesas de concertación, las cuales habría que articular. Existe el Consejo Nacional de Paz que ha sido totalmente subutilizado por el gobierno. El Acuerdo Final con las Farc incluye importantes avances tanto en la participación como la clara incidencia de la sociedad en asuntos como víctimas, género y derechos étnicos. El hecho de que el proceso con el Eln tenga su carácter propio no quiere decir que esté divorciado de lo mucho avanzado en La Habana.

El plebiscito nos recordó que la participación directa no es siempre favorable y que la sociedad está profundamente fragmentada, por una parte, e indiferente, por otra. Y que hay un sector fuertemente reacio al cambio y a las reformas. Desatar un proceso de participación social para la paz en esta dura realidad es un reto inmenso. La designación de Juan Camilo Restrepo fue un acierto y su seriedad y sensibilidad a lo social le da seguridad el proceso.

Algunos han dicho que la inclusión del Eln enreda aún más las cosas en un momento ya suficientemente confuso. Tienen algo de razón: sí se hace más complejo. Pero el hecho de ser más difícil no quiere decir que sea imposible. Al contario, lo que parece más complicado en el corto plazo da mayor solidez en el tiempo, ya que la sostenibilidad de un proceso de transformación real reside sobre todo en la sociedad.

danielgarciapena@hotmail.com

Fuente: http://www.elespectador.com/opinion/eln-bienvenidos